"Pienso, luego existo"
René Descartes

"Siento, luego existo"
José Luis Sampedro

(més si clikeu damunt es llibre i aquí)
René Descartes
"Siento, luego existo"
José Luis Sampedro
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"Avanza por el pasillo con felina pisada y se detiene ante la entrecerrada puerta de la alcobita. Por la rendija escapa la luz rojiza de la mariposa eléctrica puesta en el enchufe [...] El viejo entra y cierra en silencio.
La ventana es todo luna; el suelo un lago plateado; la cuna y su sombra una isla de roca. En la almohada hecha espejo se refleja serena la copia de la luna, esa carita dormida y tibia cuyo aliento acaricia la vieja faz que se ha inclinado a olerla, a sentirla, a calentar junto a ella los viejos pómulos.
"¿Lo es?", susurra el viejo. "Aquí tienes a Bruno. Se acabó el avanzar solo y perdido. ¡Avante, compañero, conozco los terrenos!"
Desde la cuna, el niño llena la noche con su aliento y con el palpitar de su corazoncito; en el suelo, espalda contra la pared, el viejo se abre a esa presencia como un árbol a las primeras lluvias: con ellas germina su larga memoria de hombre, se despliega su pasado como una semilla vertiginosa y una fronda de recuerdos y vivencias extiende un invisible dosel protector sobre la cuna.
Los minutos, como toc-toc de lanzadera, entretejen al viejo con el niño en el telar de la vida. El recinto es un planeta de luna y sombra para ellos solos..." (pág. 60-61)
La ventana es todo luna; el suelo un lago plateado; la cuna y su sombra una isla de roca. En la almohada hecha espejo se refleja serena la copia de la luna, esa carita dormida y tibia cuyo aliento acaricia la vieja faz que se ha inclinado a olerla, a sentirla, a calentar junto a ella los viejos pómulos.
"¿Lo es?", susurra el viejo. "Aquí tienes a Bruno. Se acabó el avanzar solo y perdido. ¡Avante, compañero, conozco los terrenos!"
Desde la cuna, el niño llena la noche con su aliento y con el palpitar de su corazoncito; en el suelo, espalda contra la pared, el viejo se abre a esa presencia como un árbol a las primeras lluvias: con ellas germina su larga memoria de hombre, se despliega su pasado como una semilla vertiginosa y una fronda de recuerdos y vivencias extiende un invisible dosel protector sobre la cuna.
Los minutos, como toc-toc de lanzadera, entretejen al viejo con el niño en el telar de la vida. El recinto es un planeta de luna y sombra para ellos solos..." (pág. 60-61)
