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dijous, 18 de juliol del 2013


"Una carta, al fin. Noticias de otro mundo, el mundo de las editoriales, de quienes podían ayudarla. Después de leer la carta varias veces, algunas frases se le clavaron en la cabeza. Le proporcionaban una satisfacción indescriptible, de una naturaleza nueva. "Como usted se dedica a escribir", decía esa mujer desconocida, y con esas palabras tan sencillas, Heminia era proclamada escritora. Jamás había sido tratada así, con aquel respeto y ese reconocimiento de lo que íntimamente era. Cuando, hacía años, se había ganado la admiración del pueblo por sus versos sobre El Sauco y el conocimiento de su historia y sus tradiciones, había experimentado cierta satisfacción, sobre todo, la de convertirse en una mujer cuyos horizontes no se circunscribían a los del hogar, pero nada parecido a lo que sentía ahora ante la carta de esa mujer desconocida, y repetía su nombre, Olga Francines, como si fuera mágico. Y luego al final de la carta, había aquella otra frase: "Una vez leídos sus magníficos poemas", que de nuevo la estremecía de emoción, no sólo por el elogio en sí, que recibía con agradecimiento, sino por el tono, la forma en que se dejaba caer, como si la calidad de los poemas fuera algo indiscutiblr sobre lo que no hubiera ninguna necesidad de insistir [...] Contestó a la carta, aceptando las condiciones; esperaría. Había esperado toda la vida, podía esperar un poco más [...] La carta no tenía más de diez líneas y fueron las más torpes y difíciles que había escrito nunca. No obstante , cuando vio desaparecer el sobre en la hendidura del buzón de correos, se sintió desprendida de un mensaje importante, de una nueva llamada de socorro. Aquel puente que acababa de tenderse entre la mujer de la editorial y ella era lo más precioso que tenía, lo único que podía salvarla, alejarla de allí, como si puediera emprender el camino de la carta, como si, al menos, pudiera distanciarse del extraño dolor que llevaba dentro." (fragment pàg. 106-108)

dilluns, 21 de novembre del 2011


"¿Qué es lo que hay en estos armarios? Ropa que nadie se decidió a tirar, que nadie quiso. Ropa extraña guardada en bolsas de plástico. Uniformes militares, ¿de cuándo mis hermanos hicieron el servicio militar?, un esmoquin, un frac, ¿vestigios de bodas?, incluso hábitos, trajes de lana color pardo con cinturones de cordón dorado, ¿de dónde habrán salido?, ¿es que mi madre usó hábito alguna vez, antes de que yo naciera? No está el abrigo.
Otra vez en la cocina, le hablo a Lucía del abrigo, ¿no lo recuerda? Me mira con una expresión de extrañeza, como si no supiera de qué le estoy hablando, como si ni siquiera supiera qué es un abrigo de astracán. No dice nada. Muda. Llega la comida para mi padre y me despido.
Tengo que aceptarlo. El abrigo de mi madre se ha esfumado.

Me dirijo, cabizbaja hacia la parada de los taxis [...] Entonces lo veo. Viene hacia mí. Lo lleva la mujer del portero. Éste es el abrigo de mi madre, el astracán negro. La mujer me sonríe desde la distancia, se detiene junto a mí. Nos saludamos.
Es una mujer joven, no me acuerdo de cómo se llama. Tiene una expresión muy dulce, algo soñadora. Así que fue ella quien se quedó con el abrigo. Mi mano está ahí, sobre su hombro, sobre los rizos negros del abrigo. Un instante fugaz [...] ¿Quién le daría el abrigo a la mujer del portero? Nadie lo recuerda, nadie lo dice. Como tantas cosas que se ignoran, como tantas cosas que nos despiertan en la mitad de la noche o nos asaltan en medio de la calle, pensamientos que nos empujan a movernos de aquí para allá y que se te deshacen dentro, como las flores que, pasados los días, se deshacen en el florero." (fragment pàg. 19-20)

dijous, 1 d’abril del 2010

QUINZE DONES I EL SEU MÓN...


NH 467
(més si clikeu damunt es llibre i aquí)

"Hace tiempo que no sé quién es la persona que habita al otro lado del espejo, me resulta una persona absolutamente desconocida, alguien a quien quizá vi por la calle o con quien crucé un par de frases no se sabe en qué lugar, puede que me suene de algo, pero desde luego he olvidado su nombre, si es que lo supe alguna vez, he olvidado de qué la conozco, dónde y cuando la vi, qué hablé con ella, esa persona no significa nada para mí.
Eso me llena de perplejidad, porque estoy aquí, a este lado del espejo, y se supone que la del otro lado es simétrica, soy yo vista en sentido contrario, yo mirando hacia el norte y no hacia el sur, hacia el este y no hacia el oeste, o quizá al reves. ¿He cambiado tanto?, ¿cuál de las dos es la verdadera, la de aquí o la de allá? Por un momento creo que soy yo, la de este lado [...] Pero levanto los ojos y me encuentro a la desconocida haciendo el mismo gesto que hago yo, sólo que ella lo hace con la mano derecha, me imita de una forma rara, no sé quien puede ser esa persona." (pág. 135 - Fragment del seu relat "Espejos")