"Harry se detuvo ante la libreria de la esquina. Vio que entre los vólumenes antiguos habían colocado dos pequeños cuadros, ambos paisajes: el primero, una calle en pendiente cubierta de nieve medio derretida y flanqueada por algunas casas bajas; una luz color rubí (una lámpara humosa tras una ventana) era toda la iluminación del extraño y desolado crepúsculo, que parecía de ceniza, ocre y hierro. El segundo representaba un jardín casi silvestre un día primaveral: el fresco verdor, las flores, el cielo azul poseían una exuberancia extraorinaria, de una calidez y una riqueza que no eran de aquel país, pero que a Harry le pareció reconocer, reencontrarlas en el recuerdo. Indudablemente, pensó sintiendo una impresión confusa pero intensa, había visto en algún sitio, en un sueño o durante la infancia, aquellos sombríos cielos de marzo, de los que la nieve cae a ráfagas, y aquellos jardines caóticos, invadidos por las flores de un breve pero sofocante estío. Se hizo visera con la mano, como para proteger los ojos de una luz demasiado fuerte, porque el recuerdo (si es que era tal y no un sueño) le producía una mezcla de felicidad y tristeza, no sabía por qué. Del mismo modo que ciertos rostros, ciertas casas desconocidas despiertan en la memoria un eco a un tiempo melancólico y dulce, como si nos reencontráramos con los testigos de una vida anterior. No, no era un sueño, sino una realidad lejana, olvidada hacía mucho... Ahora volvía a ver aquellos días de marzo de su tierra, en los que, mientras la tormenta de nieve se abate sobre la ciudad, protegidos tras los cristales dobles, los primeros jacintos, nuncios de la primavera, empiezan a florecer. Tenía la sensación de percibir de nuevo su aroma, unido en su memoria al de la tarta de cumpleaños. Había nacido en marzo [...] Harry se volvió hacia el segundo cuadro. Los cálidos días estivales, la campanilla del vendedor de helados, las flores aplastadas bajo los pies, estrujadas entre las manos, demasiadas flores y hierba... Un perfume excesivamente suave, que confunde y adormece la mente; una luz excesiva, un crudo resplandor, el canto de los pájaros en el cielo... Era un encuentro con su tierra, con su pasado. Aunque entró en la libreria instintivamente, presa de un inexplicable pudor no pidió ver los cuadros de inmediato, sino que se entretuvo cogiendo, entreabriendo, acariciando libros al azar." (fragment pàg. 127-129)dimecres, 19 de març del 2014
MOMENTS...
"Harry se detuvo ante la libreria de la esquina. Vio que entre los vólumenes antiguos habían colocado dos pequeños cuadros, ambos paisajes: el primero, una calle en pendiente cubierta de nieve medio derretida y flanqueada por algunas casas bajas; una luz color rubí (una lámpara humosa tras una ventana) era toda la iluminación del extraño y desolado crepúsculo, que parecía de ceniza, ocre y hierro. El segundo representaba un jardín casi silvestre un día primaveral: el fresco verdor, las flores, el cielo azul poseían una exuberancia extraorinaria, de una calidez y una riqueza que no eran de aquel país, pero que a Harry le pareció reconocer, reencontrarlas en el recuerdo. Indudablemente, pensó sintiendo una impresión confusa pero intensa, había visto en algún sitio, en un sueño o durante la infancia, aquellos sombríos cielos de marzo, de los que la nieve cae a ráfagas, y aquellos jardines caóticos, invadidos por las flores de un breve pero sofocante estío. Se hizo visera con la mano, como para proteger los ojos de una luz demasiado fuerte, porque el recuerdo (si es que era tal y no un sueño) le producía una mezcla de felicidad y tristeza, no sabía por qué. Del mismo modo que ciertos rostros, ciertas casas desconocidas despiertan en la memoria un eco a un tiempo melancólico y dulce, como si nos reencontráramos con los testigos de una vida anterior. No, no era un sueño, sino una realidad lejana, olvidada hacía mucho... Ahora volvía a ver aquellos días de marzo de su tierra, en los que, mientras la tormenta de nieve se abate sobre la ciudad, protegidos tras los cristales dobles, los primeros jacintos, nuncios de la primavera, empiezan a florecer. Tenía la sensación de percibir de nuevo su aroma, unido en su memoria al de la tarta de cumpleaños. Había nacido en marzo [...] Harry se volvió hacia el segundo cuadro. Los cálidos días estivales, la campanilla del vendedor de helados, las flores aplastadas bajo los pies, estrujadas entre las manos, demasiadas flores y hierba... Un perfume excesivamente suave, que confunde y adormece la mente; una luz excesiva, un crudo resplandor, el canto de los pájaros en el cielo... Era un encuentro con su tierra, con su pasado. Aunque entró en la libreria instintivamente, presa de un inexplicable pudor no pidió ver los cuadros de inmediato, sino que se entretuvo cogiendo, entreabriendo, acariciando libros al azar." (fragment pàg. 127-129)diumenge, 16 de març del 2014
EL MAR
Necesito
del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.
Lo que antes me enseñó
lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.
incesante viento, agua y arena.
Parece poco para el hombre
joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.
Pablo Neruda
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dissabte, 15 de març del 2014
DIVENDRES NIT...
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
—oscuro, torpe, malo— el que la habita...
Ángel González
dimarts, 11 de març del 2014
48
Ciutadella 11.03.2014
Es suave el día, suave el viento.
Es suave el sol y suave el cielo.
¡Así fuese mi pensamientos!
¡Ser yo tan suave es lo que anhelo!
Pero entre mí y las suaves glorias
Del cielo y del aire sin mí
Hay muchos sueños y memorias...
¡Lo que yo quiero es ser así!
Ah, el mundo es lo que a él traemos.
Existe todo porque existo.
Hay porque vemos.
¡Y hay mundo porque yo lo he visto!
(pàg. 123 de Noventa poemas últimos)
Fernando Pessoa
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dilluns, 10 de març del 2014
"En Santiago, el Peregrino cerró la puerta de su oficina en las dependencias del palacio arzobispal y salió a la plaza del Hospital. Las tiendas de campaña de los indignados seguían ocupando el centro. Habían pasado las elecciones municipales, pero mucha gente continuaba acampada en las plazas para reclamar mayor participación en los asuntos públicos y una democracia más directa y plena. Algunos turistas subían los peldaños de la escalera que salvaba el acusado desnivel desde la plaza hasta el ras del suelo de la nave de la catedral. Se detuvo un momento, se persignó y decidió entrar en el templo [...] Una pulsión de culpa y pecado le atormentaba el alma. Durante casi cuarenta años, desde que fuera ordenado sacerdote, había trabajado por la iglesia de Galicia, y dados sus conocimientos administrativos, había pasado, con el tiempo, a ocupar un puesto burocrático en las oficinas del arzobispado; de eso hacía ya más de quince años.
Fue en este último destino donde entró en contacto con grupos católicos muy conservadores. Asistió a sus encuentros casi clandestinos, en discretas dependencias de conventos y colegios religiosos de la ciudad; participó activamente en ejercicios espirituales, reuniones... Diversos grupos dentro de la Iglesia ya se habían puesto a trabajar para detener el avance de las ideas progresistas, a las que combatían por considerarlas culpables de la devastación de la sociedad que pretendían restaurar [...] El pregrino, un hombre muy conservador, de sólidas creencias, había sido educadoen sus años juveniles en el seminario de Lugo en la ortodoxia más tradicional. Convencido de que apoyar esos movimientos conservadores era la única manera de detener el avance arrollador del ateísmo, se implicó por completo en sus actividades. Ya no era él mismo, sino un auténtico soldado, un mero instrumento al servicio de unos ideales que compartía pero cuyos partidarios aplicaban unos métodos que jamás hubiera sospechado que un católico pudiera aceptar.
Por eso cuando le propusieron que participara en ña sustracción del Códice Calixtino, en un primer momento pensó en acudir directamente al deán de la catedral y denunciar a quien se lo había planteado, pero..." (fragment pàg. 193-142)
diumenge, 9 de març del 2014
dissabte, 8 de març del 2014
DONA...
l'instant d'obrir
dòcilment la mà
i alliberar
la memòria de l'aigua
perquè es retrobi aigua
d'alta mar.
Maria-Mercè Marçal
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dijous, 6 de març del 2014
RÉQUIEM POR UN POETA
Qué es mi alma, preguntas
a una imagen atado.
Es un dios en la sombra.
Es quizá un esclavo
lamiendo con su lengua las sobras de la vida.
La soga que en el cuello
llevábamos atada fácil es desatarla,
por cuanto es ilusión sólo, lo mismo que la vida,
que el dolor y la muerte y el sueño del dinero.
La vejez dicen sólo responde a tu pregunta.
Una piel arrugada y un hombre al que avergüenza
mirarse al sediento espejo.
Un día moriré. Un día estaré solo,
un alce cabalgando en la calle, y el aire
será para mis ojos la señal de la huida.
Ya no serán manos mis manos,
ni un solo buen recuerdo
a la vida me ligará ya entonces.
Veré pasar un niño por la acer de espanto
y le preguntaré mi nombre si mañana renazco.
(pàg. 217 de Agujero llamado Nevermore)
Leopoldo María Panero
diumenge, 2 de març del 2014
HORA QUIETA
Ciutadella 2.03.2014
Tot és quiet, només una destral
ressona lluny. Secs arbres a la vora
de l'espadat es miren al corrent.
Llisquen les aigües en silenci igual
que les edats, i brilla tristament
avui com fa molts segles aquesta hora.
Joan Vinyoli
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