dilluns, 6 d’octubre de 2008

I A L'OCTUBRE...


Octubre, octubre

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"Papeles... ¿Y esos legajos? ¡Las novelas! ¡Había llegado a olvidarlas! ¡Increíble! Al pronto vi en ello una prueba de mi desasimiento. Bajo esta impresión acerqué los papeles al fuego, desaté el primero... ¡El pasado saltó como un tigre! ¿Qué pasado? ¿De quién? [...] Una vez abierta la carpeta, sueltas las páginas, inevitablemente ojearlas. Resbalan vivas. Sus tentáculos me apresaron con nombres reconocibles [...] Los legajos, mis espejos, ¡Qué error, destruirlos! Al contrario, digerirlos, inyectarlos en mi sangre, eliminarlos después como tóxinas. Imposible desnudarme sin conocer mis vestidos, sin sangrar con los alfileres agazapados en los pliegues. Por eso había olvidado esos legajos; porque es vital rememorarlos, revivirlos. Sólo así se comprende ese casi concluir cuatro novelas, sin publicar ninguna: porque estaban destinadas exclusivamente a mí. Como estas palabras de ahora: para desnudarme.
Ahondar en esos textos. Estoy acostumbrado. Siempre fui minero de mí mismo; no escultor ni navegante. Viviendo hacia lo oscuro, por galerías y pozos, con mi excavadora que vuelca en el papel montañas de sudor y de fatiga. Entre esa ganga aflora a veces una punta de estalactita, un sílex labrado, alguna rara pepita dorada. Surcar el aire con el pecho no me basta; preciso toparme con la sorda tierra, tantear en las ciegas galerías. Como en el verso de Rilke: "Madurar queremos nosotros / y eso es ser algo oscuro y esforzarse sin tregua".
Minero toda mi vida y, ahora, arqueólogo. Las novelas, mis mundos sepultados...

(pág. 49-53)
http://www.escritores.org/imag/sampedro.jpg
José Luis Sampedro