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dilluns, 18 de novembre del 2013

ANA... CARLOS...

 
La buena letra se publicó en 1992, Los disparos del cazador en 1994. Fuero nescritas a rebufo del ajetreo del dinero fácil en una España que se preparaba para las grandes celebraciones del 92...
Por aquellos días en los que los valores se invirtieron bruscamente, tenía la impresión de que no sabía quién era yo, ni en qué se habían convertido los demás. Escribí este díptico que ahora aparece con el título de Pecados originales, para volver a encontrarme, porque tenía mucho miedo de hacerme daño, o de que me hicieran daño, o de hacer daño. Lo escribí por la misma razón por la que he seguido escribiendo novelas otros veinte años.

Rafael Chirbes
Beniarbeig, 27 de junio de 2013
 
 http://www.anagrama-ed.es/titulo/OVT_41"Intento levantarme con su ayuda, pero no lo consigo. He caído de lado y la pierna pende como muerta, aunque el dolor inicial del golpe desaparece lentamente. "No hay que dejar que se enfríe", dice él, "sería peor." Le pido que acuda al pueblo en busca de ayuda, pero se niega. "Cójase al cuello", me ordena. Y durante tres largas horas escucho el silbido de sus botas sobre la tierra helada, noto el sudor de su nuca en mi cara, oigo su respiración jadeante como si sustituyera a la mía, y pienso: "Sus piernas son las mías, sus pulmonenes son los míos, suda por mí", y siento vergüenza de verme así llevado, inútil, y también una inmensa gratitud. Es la primera vez desde los lejanos tiempos de mi infancia en que el roce con otra piel, y el sudor, y el ritmo de la respiración que se transmite en el estrecho contacto de los cuerpos no nacen de un impulso sexual.
De vez en cuando se detiene, y en cada parada se carga con una nueva culpa. Vuelve su cara sudorosa y me pide disculpas, como si tuviera miedo de mí [...] A medida que avanzamos, se le vuelve más penosa la respiración, pero en ningún momento se me ocurre pensar que pueda vencerlo la fatiga. Sus pasos repiten el ritmo de una mano que mece una cuna y yo me adormezco. Ha emprezado a llover, me ayuda a ponerme la capucha, y vuelve a cargarme sobre sus espaladas. Mientras avanzamos bajo la lluvia, en medio del bosque que el invierno ha convertido en una monótona sucesión de ramas secas, me parece que dentro de mí no queda más calor que el que me transmite su nuca. Luego está sentado a mi lado en la ambulancia que me traslada al hospital y miro sus ojos y no soy capaz de leer nada en ellos.
Diez años más tarde se ha convertido en mi única compañía y me descubro escribiendo acerca de él en la madrugada." (fragment pàg. 241-243 de Los disparos del cazador)

divendres, 28 d’octubre del 2011

ARGUMENTS...


"Cesar Pavese decía que la poesía no se enuncia, sino que se intenta. En mi trabajo literario, siento algo parecido: me parece que soy novelista mientras estoy escribiendo una novela. Entonces, día a día, y durante largos meses, voy descubriendo bajo la masa del lenguaje las formas de esa novela que intento (Miguel Ángel decía ver ocultas bajo la masa del mármol las formas de sus estatuas). La urgencia por contar algo, que casi nunca es más que un malestar conmigo mismo, un desorden interno -que tiene que ver con el desorden que me rodea, y del que siento que formo, de algún modo, parte-, se impone poco a poco, y, después de innumerables tanteos, encuentro el lugar desde el que el libro mira las cosas, y, a partir de ahí, la voz que las dice, el ritmo y la tensión con que las cuenta, el paso de la frase y el peso de cada capítulo. Me descubro contando una historia.
Durante todo ese tiempo (escribo para conocer ese desorden: conozco lo que quiero decir a medida que lo voy diciendo; sé lo que he escrito cuando lo leo), voy aprendiendo con un aprendizaje que lo es también de lo que es la novela, esa novela de la que, cuando estoy concluy
éndola, hasta creo saber el lugar que ocupa respecto a las otras que la precedieron [...] Pero ese saber acerca de la novela se desvanece en cuanto termino de escribir y corrijo las pruebas para su edición, y el espacio que deja libre el libro con su ausencia viene a ocuparlo una sombría perplejidad. El mundo -mi relación con él- vuelve a parecerme imposible de contar. De nuevo, la deriva." (fragment pàg. 69-70)


divendres, 4 de març del 2011

dimarts, 23 de novembre del 2010


Las novelas se escriben porque se duda sobre las consignas, sobre las noticias, sobre el sentido de la vida.
Rafael Chirbes



dissabte, 20 de març del 2010


http://www.revistaleer.com/188/img/entrevistas02_g.jpg

Obras son amores y no buenas razones.
La novela no necesita de pontífices, sino de novelistas


dimecres, 3 de març del 2010


http://www.anagrama-ed.es/img/portadas/A406_G.jpg
(més si clikeu damunt es llibre aquí)

"En general, se trabaja a ciegas. Puedo hablar por mí: en ninguno de mis libros he tenido una idea demasiado clara ni de cuál era el tema de lo que estaba escribiendo, ni de los instrumentos de los que me servía, prácticamente hasta que lo he tenido terminado. No creo en la escritura automática, en la inconsciencia, pero sí en que escribir supone una excavación en un túnel oscuro: estoy convencido de que todos mis libros han nacido de esa inmersión en lo que podría llamar mi subconsciente que no es exactamente de raíz freudiana, sino que tendría que ver con los materiales que han empastado el carácter -lecturas, experiencias, ideología, posición social, heridas, aspiraciones, derrumbes-, todo eso que, sin tener demasiada conciencia de ello, guardo dentro, y construye la fragilidad de lo que soy. No digo que el yo que escribe sea un ser inocente, sino que tiene una densidad que le otorga su tiempo y que él mismo no llega a descifrar. Nuestra alma es el fruto del tiempo [...] Por eso, la novela delata a quien la escribe, se vuelve incluso contra él, lo denuncia. No sólo la novela, cualquier forma de escritura es un policia riguroso al que difícilmente se le escapa ningún indicio: incluso me atrevería a escribir que la literatura -como los amantes- acostumbra a vengarse de quien no se arriega a llegar hasta el límite; una escritura a medias es una mentira que el interrogador detecta. Escribir no es sólo cuestión de engrasar el oficio. La técnica tiene un peso relativo. (pàg. 14-15)


http://www.adn.es/clipping/ADNIMA20080405_1245/4.jpg