"Cuando sabía que Clarence iba a estar fuera de casa durante mucho rato, me gustaba poner discos mientras le daba a la tecla, y mi favorito era entonces el Concierto para orquesta de Bartók [...] Aullidos, rechinamientos y una rara modalidad de rozaduras vulcanizadas, sobre todo el tráfico de ahí fuera, combinado con el golpeteo de los compresores, es lo que acabo de oír ahora, cuando he intentado oír algo de Bartók, además de los latidos de mi propio corazón. En aquel entonces, cuando aún me gustaba el Concierto para orquesta, nada más salir Clarence cerraba todas las puertas y ventanas, subía el volumen y entraba en trance. Empezaba del modo habitual, suave y a ritmo normal, pero según iba acelerándose el tempo, con la entrada del metal y la cuerda alta, me ponía a teclear más deprisa, y cerraba los ojos y no oía la máquina de escribir, pero la sentía estremecerse bajo mis dedos, y me ponía a balancearme en la silla. Pasados un par de minutos, a veces, una cinta de palabras empezaba a fluir de la música al papel, gota a gota al principio, luego en chorro, y ya no me dejaba ir, me dejaba caer en la música, y era como caer desde muy alto sin miedo a llegar al fondo, abandonándome a ello, dando lentas volteretas mientras caía, con la sensación de que mis dedos eran instrumentos que la música empelaba para escribir lo que quería -la música o la máquina, no sé cuál de las dos-, que la máquina se había transformado en el lenguaje de mis manos, no de mi cabeza, sin el peso de la reflexión [...] Con el clamor bestial de la música, con la máquina tronando bajo mis dedos, permanecía de espaldas a la puerta, sin el manor barrunto de que Clarence estuviera allí hasta que apagaba el tocadisco. Clarence y yo no teníamos el mismo gusto musical. No era lo suyo , reaccionar con alguna comprensión cuando le decía: "Mira, es Bartók, es puro Bartók", y le tendía diez o doce folios. Se limitaba a echarles un vistazo y luego recorría la casa entera abriendo ventanas." (fragment pàg. 98-100)
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dilluns, 3 de desembre del 2012
EDNA
"Cuando sabía que Clarence iba a estar fuera de casa durante mucho rato, me gustaba poner discos mientras le daba a la tecla, y mi favorito era entonces el Concierto para orquesta de Bartók [...] Aullidos, rechinamientos y una rara modalidad de rozaduras vulcanizadas, sobre todo el tráfico de ahí fuera, combinado con el golpeteo de los compresores, es lo que acabo de oír ahora, cuando he intentado oír algo de Bartók, además de los latidos de mi propio corazón. En aquel entonces, cuando aún me gustaba el Concierto para orquesta, nada más salir Clarence cerraba todas las puertas y ventanas, subía el volumen y entraba en trance. Empezaba del modo habitual, suave y a ritmo normal, pero según iba acelerándose el tempo, con la entrada del metal y la cuerda alta, me ponía a teclear más deprisa, y cerraba los ojos y no oía la máquina de escribir, pero la sentía estremecerse bajo mis dedos, y me ponía a balancearme en la silla. Pasados un par de minutos, a veces, una cinta de palabras empezaba a fluir de la música al papel, gota a gota al principio, luego en chorro, y ya no me dejaba ir, me dejaba caer en la música, y era como caer desde muy alto sin miedo a llegar al fondo, abandonándome a ello, dando lentas volteretas mientras caía, con la sensación de que mis dedos eran instrumentos que la música empelaba para escribir lo que quería -la música o la máquina, no sé cuál de las dos-, que la máquina se había transformado en el lenguaje de mis manos, no de mi cabeza, sin el peso de la reflexión [...] Con el clamor bestial de la música, con la máquina tronando bajo mis dedos, permanecía de espaldas a la puerta, sin el manor barrunto de que Clarence estuviera allí hasta que apagaba el tocadisco. Clarence y yo no teníamos el mismo gusto musical. No era lo suyo , reaccionar con alguna comprensión cuando le decía: "Mira, es Bartók, es puro Bartók", y le tendía diez o doce folios. Se limitaba a echarles un vistazo y luego recorría la casa entera abriendo ventanas." (fragment pàg. 98-100)divendres, 4 de febrer del 2011
PARAULA DE RATOLÍ...
dimarts, 22 de desembre del 2009

(més si clikeu damunt es llibre i aquí)
"Però, prou. No t'escric per parlar de feina, ni tampoc per fer safareig. Tinc un amic que necessita ajuda. No és un amic de carn i ossos, tot i que d'aquests, ineludiblement, també en tinc. Em refereixo a Soap: A journal of the Arts, la revista literària de la qual sóc fundador i director, amb els seus suplements anuals, Soap Express i The Best of Soap [...] La poesia invertida de Miriam Wildercamp va aparèixer amb regularitat a les nostres pàgines en una època en que ningú no en volia saber res. El nostre descobriment més recent és Dahlberg Stint, i espero que aviat causarà sensació de costa a costa. A més a més, jo també escric els meus propis relats, crítiques i de tant en tant algun poema breu. Fa set anys ben bons que dirigeixo la revista pràcticament sol. Durant aquest temps m'esforçat a no caure en una autosuficiència embrutidora i he procurat amb fúria poundiana imposar-hi uns nivells mínims [...] Ens va anar bé durant una temporada [...] Tal com està la situació econòmica, i pel que es veu, la gent de Nixon és incapaç de fer res per millorar-la, els meus ingressos personals han baixat, de fet s'han encongit, mentre que les despeses s'han inflat. Si no prenc mesures dràstiques, Soap tindrà problemes crònics [...] Marcus, arribo al punt essencial d'aquesta carta tan inconexa. Tinc una gran idea per a la primavera que ve. He pensat fer un simposi i a la vegada recés, taller i colònia d'escriptors. La idea és reunir talents de la regió de primer ordre i un públic que pagui per un cap de setmana de tallers i conferències [...] Ens faria molt bona publicitat tenir com a mínim una "figura nacional" [...] Juntament amb un "Sí" ben sonor, espero rebre de tu qualsevol idea brillant que puguis aportar al programa. No hi ha res definitiu, encara.
Espero no espantar-te si et dic que en moro de ganas de "parlar sense embuts" sobre algunes de les teves obres més recents.
El teu vell amic,
Andrew Wittaker
Fastigós, fastigós. Una mentida, una adulació, una estupidesa. Frases afalagadores. Com puc arribar a ser tant detestable?..." (pàg. 12-15)
El teu vell amic,
Andrew Wittaker
Fastigós, fastigós. Una mentida, una adulació, una estupidesa. Frases afalagadores. Com puc arribar a ser tant detestable?..." (pàg. 12-15)

Sam Savage
dimarts, 1 de juliol del 2008
EL RATOLÍ MÉS SAVI DE LA HISTÒRIA...
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