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dissabte, 16 d’agost del 2014

MÉS ENLLÀ DE LA REALITAT...

 
http://www.planetadelibros.com/la-mujer-loca-libro-115905.html"-El que medita bien es Serafín, yo estoy aprendiendo y no consigo dejar la mente en silencio. Mi mente está llena de ruido todo el rato, sabes. Cuando medito, las persona imaginarias aprovechan para visitarme y no logro echarlas de la cabeza.
-¿Pero cuál es el objetivo de la meditación?
-Según Serafín, mi maestro, ninguno. No puedes sentarte a meditar con un fin determinado, pero yo creo que en eso miente. El fin de la meditación es la conquista del silencio. El silencio es el único fenómeno de este mundo que carece de gramática. No hay una sintaxis del silencio ni una morfología del silencio. El silencio no es un cuerpo, no está dividido en partes que se articulan como las partes de un cuerpo o de un razonamiento. Si logras conquistar el silencio, las palabras dejan de ser tus dueñas. Pero yo estoy muy lejos de lograrlo. ¿Te acuerdas del cartero analfabeto que te conté?
-No -Miente Millás para escuchar de nuevo la historia.
-Es un cartero imaginario que no sabe leer y que pasa por mi cabeza casi todos los días para que le lea las direcciones de los sobres. Él las memoriza y se va a repartirlas. Pues el otro día, estaba meditando y apareció y empezó a sacar sobres de la cartera y yo se los iba leyendo como siempre, cuando en esto saca un sobre un poco más grande de lo normal, como los de las invitaciones para las bodas, de ses tipo, y a quién crees que iba dirigido?
-Ni idea.
-Pues a mí. Allí venía mi nombre, mi dirección, el piso, todo, je, je. Desde entonces miro todos los días el buzón, ja, ja, estaría bueno que me llegara.
Dice Millás que no pareciéndole prudente insistir en ese asunto, pregunta dónde suele meditar Serafín.
-Normalmente en su dormitorio, sobre un par de esterillas y frente a un vaso de agua, pero también nos gusta la cocina.
-¿Por qué un vaso de agua?
-Eso es cosa de Serafín, pero creo que tiene que ver con el silencio. Si durante la meditación logras convertirte en un recipiente de agua, y nuestro cuerpo es eso, un vaso lleno de agua, si consigues no pensar, las palabras no pueden nada contra ti. Los libros de Lengua tienen pánico a la meditación. Busca en internet "gramática de la meditación" y no encontrarás nada." 
(fragment pàg. 155-158)

http://elpais.com/autor/juan_jose_millas/a/

dimecres, 11 de desembre del 2013

VOLTANT PER MADRID...


"En los portales había gente que contemplaba la lluvia en actitud perfectamente estática. Algunas mujeres con enormes paraguas negros familiares cruzaban la calle o la recorrían con débiles carreras. Las gotas más gruesas, tras chocar en el suelo, rebotaban y divididas por el golpe se iban a estrellar en las medias de estas mujeres, a la altura de los tobillos; si en el suelo habían recogido grasa o suciedad, la depositaban en el entramado de las medias donde dejaban pequenísimas manchas redondas, que parecían pecas u otra manifestación de la piel.
El Vitaminas, protegiéndose bajo una cornisa, avanzaba por Hermanos de Pablo en dirección a Alcalá. Al salir de la farmacia había llorado un poco, no por compadecerse o relajarse, sino por dar respuesta al creciente dolor de garganta y a la fiebre. Como llovía tanto, nadie había advertido que lloraba, y a él mismo le costó bastante trabajo distinguir las lágrimas de las gotas a pesar de que la diferencia de temperatura entre ambas era notable. Tenía que ponerse un supositorio y tomarse dos optalidones antes de decidir qué hacer p adóndedirigirse. En los bares había también bastante gente, porteros ociosos o representantes que de esta suerte habían visto interrumpida su jornada de trabajo; todos miraban con cierta nostalgia a través de los cristales empañados. Desde la perspectiva de Luis -que a pesar de avanzar bajo la cornisa tenía empapado todo el hombro izquierdo e inundados los pies- aquellas gentes se movían como las de un sueño: hablaban y reían sin dejar de mirar a la calle (a él tal vez), pero ni sus palabras ni sus risas tenían voz ni ruido. Se movían y gesticulaban en sus puestos de observación con ritmo semejante al utilizado por los amigos y los familiares alrededor del túmulo. Es la fiebre, dijo; pero esta observación sobre la realidad no le bastó para librarse de una certidumbre ya en otras oacsiones vislumbrada: que él iba en otro tren, o -mejor dicho- que él estaba parado en el desmonte frente al cual pasaba el tren de los otros, y que las veces en que creía haber estado con ellos visitando sus departamentos u ofreciéndoles cigarrillos en el pasillo habían sido sueños montados sobre la soledad, como el pastor que tras oír la locomotora y observar los vagones se tiende en la yerba y con las manos en la nuca fácilmente se imagina estaciones y ciudades y gestos, que los otros aceptan y que él recibe en un intercambio de comunicación muy semejante al que produce la riqueza. 
Desechó la idea de entrar en un bar porque también entre los porteros y los representantes había uniformes y sombreros bajo los cuales sólo podía camuflarse un policía..." (fragment pàg. 108-111)

     http://ca.wikipedia.org/wiki/Juan_Jos%C3%A9_Mill%C3%A1s 

dilluns, 28 d’octubre del 2013

23 CONTES...


"Cuando se conocieron, ella pintaba y él escribía; los dos eran artistas, pues. Ocuparon una casa antigua, nucleada en torno a un pasillo en cuyos extremos había dos espacios más amplios que constituyeron los polos de la vida de ambos. Él puso su escritorio en el extremo norte y ella instaló su taller en el contrario. El gato deambulaba entre ambas zonas dando a la atmósfera un aire sobrenatural, pues la pareja de artistas atribuía al animal la capacidad estética de elegir entre la pintura de ella o la literatura de él en función de que decidiera pasar el día en el taller o junto al escritorio.
En cualquier caso, esta primera época fue muy feliz porque estaban aún en esa edad en la que el triunfo sólo era una cuestión de tiempo y el amor un intercambio de imágenes gloriosas [...] Sólo un punto de desacuerdo existía entre ambos, pero era un desacuerdo feliz porque estaba hecho de palabras.
-Qué suerte tenéis los escritores -decía ella-; os divertís mucho más que los pintores.
-No estoy de acuerdo -decía él-; es más divertido pintar, porque se trata de una actividad en la que implicas a todo el cuerpo [...] Al día siguiente, mientras ella pintaba, él abandonó su escritorio, recorrió lentamente el pasillo y entró en el taller. Entonces cogió un lienzo en blanco, lo colgó de una escarpia y comenzó a pintar [...] Por la tarde ella abandonó el caballete, atravesó el pasillo y se sentó en el escritorio de él. Escribió hasta que se hizo de noche. Luego bajaron a cenar. Estaban contentos y la conversación fue estimulante. No aludieron al raro intercambio de actividades artísticas que se había producido esa jornada, pero a partir del día siguiente ella tomó posesión del escritorio y él del taller.
Al cabo de un año..." (fragment del conte Ella le había robado las palabras, pàg. 159-163)


dilluns, 5 de març del 2012

A LA DE TRES...


Ilustración: Charles Da Ponte

Pensamos que conquistamos el lenguaje, pero
es mentira. Es totalmente al revés, es
el lenguaje el que nos coloniza, y
la calidad de la comunicación es
lo único que podemos controlar


Juan José Millás


diumenge, 27 de novembre del 2011


Se empieza a escribir porque se tiene un secreto que sólo la página en blanco escucha
sin juzgar, sin censurar,
sin rechazar


Juan José Millás

dimecres, 23 de novembre del 2011

BOLI vs LLAPIS


"Tomo notas, indistintamente, con un bolígrafo o con un lápiz colocados junto al ordenador, sobre un cuaderno escolar, de rayas. Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión. Pero la diferencia más notable entre él y el bolígrafo es su modo de perecer. El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto si no fuera porque no pinta nada ya, aunque resucite a veces de improviso y trace un par de líneas, incluso un párrafo, antes de volver a expirar. La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro, en fin, y siempre se acaban a traición, como el butano. El lápiz, en cambio, agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito del que uno se deshace sin ningún sentimiento de culpa. Punto y aparte.
La naturaleza presenta casos semejantes al del bolígrafo. Ahí está el caracol, que envejece sin una sola arruga exterior, sin un fruncido. Y no hay que sacarle punta cada poco: él mismo, mientras vive, asoma los cuernos al sol, caracol quiscol, y una vez muerto, si te encuentras la concha en un tiesto o en el agujero de un árbol, la guardas en el bolsillo y al llegar a casa la
colocas junto a los bolígrafos difuntos. Tenemos una pasión curiosa por la cáscara, de ahí la afición a las cajas, sobre todo a las cajas fuertes. Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores.
Pese a todo, tal vez sea más digna la actitud existencial del lápiz que la del bolígrafo, la de la babosa que la del caracol, aunque no dejen cáscara para los arqueólogos. Conviene sac
arse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia y quizá de consciencia, bastante saludable. Ánimo." (Opciones existenciales pàg. 57-58)

dissabte, 20 d’agost del 2011

EN minúscula...


"L
os vocablos no sólo contienen definiciones: tienen sabor, textura, volumen. Las palabras definen un mundo que no puede ser consensuado. Las hay imposibles de tragar, como el aceite de ricino y las que entran sin sentir, como un licor dulce. Las que curaban y las que hacían daño, las que dormían y las que despertaban. Las que proporcionaban inquietud y paz. Había palabras, incluso, que mataban". Juan José Millás

diumenge, 7 d’agost del 2011

QUADERNS...


"Encendió la luz
y contempló la butaca vacía, pero raramente habitada, sobre la que el reloj medía un tiempo que a Elena le concernía y no le concernía a la vez. El canuto tuvo la virtud de despejarla todavía más. Se lo había fumado entero en la butaca de piel, imaginando que violaba así un espacio por el que no estaba dispuesta a dejarse atrapar. Regresó al dormitorio sin apagar las luces y cuando supo que no podría dormir tomó de la mesilla el diario de su madre e intentó adivinar a qué fechas correspondían los diferentes episodios. Pero en ningún cuaderno, en ninguna de sus hojas, aparecían datos temporales, excepto aquel que se señalaba al principio: "Comienzo estas páginas que ignoro cómo llamaré o adónde me conducirán poco antes de cumplir cuarenta y tres años..." Elena hizo algunos cálculos para situarse ella misma frente a aquella escritura, pero los abandonó enseguida al advertir que había algunas coincidencias tenebrosas. Pensó también en leer las últimas páginas del último cuaderno, pero decidió que lo haría a la luz del día. Finalmente, abrió uno de los cuadernos al azar y leyó lo que parecía un episodio: Recuerdo que desde muy pequeña desconfié de la capacidad de los seres humanos para alcanzar la verdad...
Elena cerró el cuaderno y lo guardó junto a los otros en el cajón de la mesilla ." (fragment pàg. 51-53)


divendres, 22 de juliol del 2011

divendres, 11 de març del 2011



Resulta difícil imaginar un tesoro más grande que el compuesto por
el María Moliner, el Coromines o el Larousse, además del Oxford y el de sinónimos y antónimos. No es que ese conjunto fuera perfecto para llevárselo a una isla. Es que él es en sí mismo una isla.

Juan José Millás


dissabte, 23 d’octubre del 2010

UN MÓN EN MINIATURA...


(més si clikeu damunt es llibre aquí i aquí)

"Pese a que continué dejando, a modo de cebo, mendrugos de pan en los bolsillos de mi ropa y por los rincones de mi cuarto de trabajo, estuve varios días sin ver hombrecillos. Comprendí entonces que su presencia dependía también de mi estado de ánimo. De hecho, al evocar otras apariciones, advertí que solían manifestarse cuando sucedía algo raro por la mañana, en el momento de despertar; la sensación, por ejemplo, de que mis músculos eran prestados, no porque funcionaran mal, sino porque yo era consciente de su funcionamiento, como cuando tienes agujetas o gripe. De todos modos, seguí tentándolos con pan duro por todas partes, a la espera de las agujetas o la gripe.
Pasó el tiempo y un día, al despertar, me noté raro. Recuerdo que me incorporé somnoliento y que permanecí sentado en el borde de la cama durante algunos minutos [...] El primer hombrecillo apareció dentro de la taza de café que acababa de emplear mi mujer [...] Me llamó la atención que no se manchara el traje, pese a chapotear en los restos del café como un niño en el barro [...] El segundo hombrecillo salió del interior de una licuadora en desuso. Al poco la cocina estaba llena de hombrecillos cuyo desinterés por mí resultaba sorprendente [...] Hubo luego unos días de calma chicha familiar, sin hombrecillos [...] En uno de tantos sentí unos golpecitos, en el pecho, aunque no podía abrir los ojos para ver de qué se trataba. Finalmente logré levantar un poco los párpados y distinguí a tres o cuatro hombrecillos a la altura de mis tetillas, muy atareados [...] - Estamos fabricándote un doble de nuestro tamaño -añadió-. Hemos tomado una pequeña porción de cada uno de tus órganos para completarlo..." (fragment pàg 13-27)