Pueden exterminar a toda una generación, arrasar sus casas...
y aún así, el pueblo se repondrá.
Pero si destruyen su historia, si destruyen sus logros,
es como si nunca hubiera existido...
"Allá arriba era sólo el primer piso, y el propio Albert tuvo la impresión de que el jubilado se había referido al Cielo, un cielo de libros de una felicidad que no podría alcanzar aquí abajo. La mirada de Gilles se había iluminado con un brillo que Albert deseaba ver desde hacía mucho tiempo en los ojos siempre un poco tristes de su hijo. Lo que pasaba iba más allá de sus esperanzas. Allá arriba. Más allá. No podía haber palabras más hermosas a esa última hora de la mañana. Las lágrimas afloraron de nuevo pero sólo en forma de pequeños escalofríos bajo sus párpados. En ese momento, Gilles pudo con su mirada tocar el alma de su padre[...] El maestro jubilado abrió de golpe la puerta que daba a la escalera y que conducía "allá arriba". Unos libros crecían como estalagmitas, sometidos a la prueba del apilamiento. Algunas pilas llegaban hasta el techo, formando unas contra otras apretadas columnas, semejando largas tiras de papel pintado con gruesas rayas amarillas que parecía recién encolado. Una de esas pilas se vino abajo.