dijous, 3 de juny de 2010



(més si clikeu damunt es llibre i aquí)

"Regreso con mi pena, esa desesperación que no languidece, ese abatimiento imbatible, una desolación que no tiene nombre. Llevo sobre mí la desventura absoluta. Imposible obviarla, no percibirla. Estalla, se desborda, en cada uno de mis gestos, en la lentitud todavía mayor de mis pasos, sí, en esa neuralgia al andar. También está en la mirada. No hay manera de esquivarla. Se impone sobre todo. Pero las gentes de aquí decidirán no detenerse en mi pena [...] No perdonarán. Sin embargo, la investigación concluyó que se trataba de un homicidio involuntario. Para ser precisos, la formulación completa de la investigación decía así: "Negligencias graves con respecto al menor del que era responsable, que le acarrearon la muerte, sin intención de provocársela". Y a este argumento se aferraron los miembros del jurado. Pero para los de Falmouth la ausencia de intención no cuenta, ninguna circunstancia podría ser calificada de atenuante. Ellos sólo se aferran a los hechos. A la muerte. La del niño. Ocho años. Lo demás no existe." (pág. 36-37)