dimecres, 29 d’agost de 2012


"Como todavía era demasiado pronto para irse a dormir, se sentó en la butaca y encendió el televisor. En la cadena Retelibera, su amigo el periodista Nicolò Zito estaba entrevistando a un cincuentón con barba que resultó ser el capitán Zurlo, práctico del puerto.
Evidentement hablaban del tema del día, el descubrimiento de la zódiac por parte del Vanna. Las preguntas de Zito eran, como de costumbre, inteligentes.
"Capitán Zurlo, ¿a qué distancia de la bocanada del puerto dicen los del Vanna que se cruzaron con el bote?"
"A poco más de una milla italiana."
"¿Por qué dice italiana? ¿No es igual para todos?"
"Teóricamente la milla marina, puesto que es la sexagésima parte del grado de un meridiano, debería corresponder a mil ochocientos cincuenta y dos metros. Pero en realidad en Italia equivale a mil ochocientos cincuenta y un metros y cinco centímetros; en Inglaterra, a mil ochocientos cincuenta y tres metros y dieciocho centímetros; en Estados unidos, a ..."
"¿Cuál es la razón de esas diferencias?"
"Complicarnos la vida."
"¿Quiere explicarnos por qué el Vanna, después de rescatar bote y cadáver ha tardado horas en entrar al puerto?"
"¿Por el temporal?"
El práctico sonrió. "No era un temporal, Era bastante menos." [...] "¿Cómo es que el bote no naufragó?"
"Por casualidad, o quizá permanecía en equilibrio sobre un entramado de corrientes opuestas."
"Ahora llegamos a la pregunta más importante. En su opinión, basándose en su larga experiencia, ¿el bote estaba saliendo del puerto empujado por las corrientes o se dirigía hacia el puerto a causa de las corrientes?"
Montalbano aguzó el oído.
"Es un poco difícil decirlo con exactitud. Verá, hay una corriente permanente de salida, pero también es cierto que, dadas las condiciones meteorológicas, esa corriente quedaba, cómo le diría, anulada por las corrientes más fuertes del sudeste."
"Pero ¿cuál es su opinión personal?"
"No me atrevería a ponerlo en un informe pericial, pero yo diría que el bote era transportado por la corriente de salida." [...] Montalbano se fue a la cama con una idea en la cabeza, pero eso no le impidió dormir a pierna suelta.

Cuando llegó a Vigata, casi a las nueve de la mañana, en vez de irse a comisaría se detuvo en Capitanía." (fragment pàg. 40-42)