dilluns, 10 de març de 2014



http://www.planetadelibros.com/el-codice-del-peregrino-libro-90662.html"En Santiago, el Peregrino cerró la puerta de su oficina en las dependencias del palacio arzobispal y salió a la plaza del Hospital. Las tiendas de campaña de los indignados seguían ocupando el centro. Habían pasado las elecciones municipales, pero mucha gente continuaba acampada en las plazas para reclamar mayor participación en los asuntos públicos y una democracia más directa y plena. Algunos turistas subían los peldaños de la escalera que salvaba el acusado desnivel desde la plaza hasta el ras del suelo de la nave de la catedral. Se detuvo un momento, se persignó y decidió entrar en el templo [...] Una pulsión de culpa y pecado le atormentaba el alma. Durante casi cuarenta años, desde que fuera ordenado sacerdote, había trabajado por la iglesia de Galicia, y dados sus conocimientos administrativos, había pasado, con el tiempo, a ocupar un puesto burocrático en las oficinas del arzobispado; de eso hacía ya más de quince años.
Fue en este último destino donde entró en contacto con grupos católicos muy conservadores. Asistió  a sus encuentros casi clandestinos, en discretas dependencias de conventos y colegios religiosos de la ciudad; participó activamente en ejercicios espirituales, reuniones... Diversos grupos dentro de la Iglesia ya se habían puesto a trabajar para detener el avance de las ideas progresistas, a las que combatían por considerarlas culpables de la devastación de la sociedad que pretendían restaurar [...] El pregrino, un hombre muy conservador, de sólidas creencias, había sido educadoen sus años juveniles en el seminario de Lugo en la ortodoxia más tradicional. Convencido de que apoyar esos movimientos conservadores era la única manera de detener el avance arrollador del ateísmo, se implicó por completo en sus actividades. Ya no era él mismo, sino un auténtico soldado, un mero instrumento al servicio de unos ideales que compartía pero cuyos partidarios aplicaban unos métodos que jamás hubiera sospechado que un católico pudiera aceptar.
Por eso cuando le propusieron que participara en ña sustracción del Códice Calixtino, en un primer momento pensó en acudir directamente al deán de la catedral y denunciar a quien se lo había planteado, pero..." (fragment pàg. 193-142)