dijous, 3 de maig de 2012


"A la mañana siguiente, decidí aprovechar las últimas horas que me quedaban en San Gallen para asistir a la conferencia de Daisy Skelton [...] Caminé con unos amigos hacia la universidad, donde había gran expectación por escuchar "Fracasa otra vez", la conferencia de Daisy Skelton. Confiaba en volver a ver allí a Vilnius y seguir conversando con él, pero no le encontré, lo que me pareció toda una contrariedad.
La joven y atrevida Skelton dijo entre otras cosas que, cuando escribía, lo que siempre estaba intentando expresar era su manera de estar en el mundo y que para lograr eso le parecía imprescindible ante todo ser realmente "auténtica". Algo estaba claro, dijo. Para llegar a alcanzar momentos en que pudiera sentirse verdaderamente "auténtica" necesitaba de un proceso implacable de eliminación de todos los tabúes que nos impiden darle la vuelta al lenguaje muerto, a los dogmas de segunda mano, a las verdades que no son propias sino de otros, a los lemas, a los eslóganes, a las mentiras nacionales, a los mitos de nuestra propia época històrica (...) Una vez eliminado todo lo que no es mío, concluyó Skelton, lo que queda es lo que resulta ser más o menos mi propia verdad. Eso es lo que busco cuando leo una novela: la verdad de una persona, por lo menos la parte de verdad que puede ser transmitida a través del lenguaje.
Fue una conferencia que, tal como había intuido, le habría interesado mucho a Vilnius, tan obsesionado como estaba en poder ser lo más auténtico posible y diferenciarse así de su padre, artista de múltiples caras. Le habría gustado a Vilnius, que parecía suscribir aquello que Nabokov decía de los escritores que provienen de otros: parecen versátiles, pero sólo porque imitan a muchos, mientras que la originalidad artística no podrá nunca copiarse más que a sí misma."
(fragment pàg. 102-103)