"En la biogr

Llegó un momento que no tenía claro si debía gustarme más leer El extranjero de Camus o Santuario de Faulkner que ver El halcón maltés o El juez de la horca en el cineclub. Sabía que un director de cine conocía a sus personajes de carne y hueso, mandaba sobre ellos, los manipulaba, los soportaba o admiraba, sabía de sus pasiones dentro y fuera de la pantalla. El cine se había apoderado de los sueños [...] Pero sobre todo estaba John Huston. La mitología entre la literatura y el cine hizo síntesis con este cineasta cuando dirigió Vidas rebeldes [...] Después de dirigir La noche de la iguana en Puerto Vallarta, en México, se quedó a vivir en medio de la selva entre boas y mosquitos en una cabaña adonde no se podía acceder sino en canoa. Prometo que en otra vida, si me vuelvo a escapar y veo Moulin Rouge, ya no volveré a casa. Haré lo imposible por parecerme siquiera al dedo gordo del pie de John Huston, aunque sólo sea porque fue el primer contacto que se produjo en mi imaginación entre los fantasmas que nacen de la psicosis del escritor y los personas reales que se vuelven fantasmas en la pantalla." (fragment pàg. 183-188)
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