dimecres, 20 d’abril de 2011

COM CÓRRER SOTA LA PLUJA...


"- ¿Y tú?... ¿De d
ónde vienes entonces y quién eres para ti y para mí? Acabaremos perdiéndonos si divagamos acerca de nosotros mismos y los demás. ¿No te da miedo?
- Un poco sí -reconoce con aire grave-. Y creo que es lo único que temo en la vida, sólo eso. Y tenía que llegar esta noche para que me diera cuenta de ello [...] Debes saber que, cuando te he dado un beso, no solo te he besado a ti, a una mujer que ha vuelto a mí por los recovecos del mundo, sino también a otra mujer, de quien tú formas parte y que, muerta y desaparecida, sigue siendo un elemento integrante de lo que tú llamas yo.
- Pero ¿qué dices? -protesta la joven en tono ronco-. Todo esto me irrita. Yo soy yo de forma plena y sé dónde empiezo y dónde termino... Ya no vivimos en el mundo de los mitos, sino en este mundo, y tenemos un destino que sólo nos pertenece a cada uno de nosotros.

- Eso es justo lo que dudo de un tiempo a esta parte- señala él con toda tranquilidad.
- Si es así, entonces no eres tú quien duda, sino la noche a través de ti. Hay noches así, en que la gente acude a un baile de máscaras... La noche te habla y tú contestas turbado. Despierta amigo mío [...]
Es fantástico que la maravilla, que el destino, tenga carne y hueso, que se presente de forma tan palpable, con visado y pasaporte... Es casi más maravilloso que si se presentara entre vapores sulfurosos, truenos y relámpagos. Es extraordinario, milagroso que la maravilla resulte tan cotidiana y real. Debo confesar que no lo sabía. Hay muchas cosas que he ignorado hasta ahora. Los libros... ya ves, Única Ola, los libros allí en la estantería no hablan de ello. Y yo los leí y viví, y pensé que la letra y la experiencia me había enseñado los secretos de la tierra y el cielo, en la medida en que me lo permitía la edad y mis condiciones de vida. Porque también es estupendo, Aino Laine, que la maravilla me ocurra justo a mí, a mí, que no soy un elegido, no soy de los que habla personalmente con los dioses y los señores del infierno a través de sus obras y sus actos. Soy un simple mortal cuyo nombre aparece en la guía telefónica, y que, según se dice, es capaz de redactar actas oficiales con precisión... eso es todo. Creía que era capaz de observar la realidad con objetividad y agudeza, y partiendo de los elementos de la observación lograría deducir la voluntad que provoca los fenómenos... Ésa era mi tarea, si no mi deber en el mundo. Pero ahora ya no creo en ello sin reservas. Debo reconocer, querida, que el mundo se ha enmarañado ante mis ojos... No hace mucho que ha ocurrido, apenas unas horas. Cuando has entrado en mi despacho a mediodía."
(fragment pàg. 112-113)