diumenge, 10 d’abril de 2011

UN CONTE DE CAP A PEUS...



"Como no tenía nada que hacer, me puse a observar a mis nuevos conocidos. No había visto antes ni a Anániev ni al estudiante, pues nuestro primer encuentro se había producido en la noche de la que me ocupo. A última hora de la tarde regresaba a caballo de una feria a la casa del hacendado en la que me hospedaba, pero por culpa de la oscuridad había tomado un camino equivocado y me había extraviado. Tras vagar por las proximidades de la línea férrea, y viendo cómo las tinieblas de la noche cada vez se hacían más espesas, recordé esas historias de "peones descalzos" que acechaban a viandantes y jinetes, me entró miedo y llamé a la puerta del primer barracón con el que me topé, donde fui recibido por Anániev y el estudiante. Como suele suceder cuando personas extrañas se reúnen por accidente, enseguida congeniamos y trabamos amistad; empezamos bebiendo té y acabamos tomando vino, sintiéndonos como si nos conociéramos desde hacía años. Al cabo de una hora sabía quiénes eran y cómo el destino los había llevado de la capital a la remota estepa, mientras ellos sabían quién era yo, a qué me dedicaba y cuál era mi forma de pensar." (fragment pàg. 17-18)