dissabte, 31 de març de 2012


"Envió Viaje de novios al premio Nadal de aquel año. Escribió contra sí mismo. Se dijo a sí mismo -y era un resumen de todo lo anterior que era a la vez un gran epitalamio-: "En esta narración brillan las cosas y el narrador no pone nada en duda: está seguro de la belleza de este mundo y así lo dice llanamente. La conciencia del narrador es, ante todo, conciencia de las cosas y sólo después y, como de pasada, conciencia refleja de sí misma. De aquí se sigue una nueva manera de sentir y de escribir. Mi nuevo estilo. Mi nueva novela expresa el júbilo de mi nuevo corazón y de mi nueva vida y de mi nueva casa: todo ha comenzado para siempre. Tal vez mi carácter no coincida del todo con el júbilo de toda esta novedad. Pero yo he decidido ser el dueño de mi carácter para que mi carácter no sea mi destino. He decidido mi destino jubiloso. He preparado mi alma, he vuelto a la niñez de los olivos y del campo de mi tierra y a la niñez, aún más sencilla, de querer ser amado por quien amo. He recibido el premio a todos mis esfuerzos. Y un lado de ese premio, una parte colateral de toda la gracia ha sido la gracia de poder escribir de otra manera y como nunca: voy a ganar el Nadal y así podré dejar la facultad y dedicarme sólo a la literatura. Es imposible -sería absurdo- que ocurra lo contrario." Martín se sintió feliz durante todos los meses -unos ocho- que duró la composición de su novela. Finalmente envió el manuscrito a Barcelona. Pausa. Sólo se trataba ya de esperar..." (fragment pàg. 66)