dissabte, 3 de març de 2012

CONTES...


"Estaba de pie en la suave pendiente del jardín de su casa, con el último sol de la tarde brillando a sus espaldas. Doscientos metros más allá, Lionel se hallaba sentado en el asiento de popa del bote de su padre. Amarrado y con la vela mayor y el foque recogidos, el bote flotaba en un ángulo perfectamente recto con la punta del muelle. A unos veinte metros flotaba, vuelto hacia abajo, un esquí acuático abandonado o perdido, pero no había en el lago embarcaciones deportivas. Apenas se veía la popa de la lancha municipal que se diriría al embarcadero de Leech. A Boo Boo le resultava bastante difícil mantener su vista fija en Lionel. El sol, aunque no era especialmente fuerte, resplandecía tanto que cualquier objeto más o menos distante -un chico, un bote- oscilaba y se refractaba como un palito en el agua. Al cabo de dos o tres minutos, Boo Boo desistió de forzar la vista. Apagó el cigarrillo al estilo marinero y se echó a andar hacia el muelle.
Era el mes de octubre, y el calor reflejado en los tablones del muelle no le daba ya en la cara. Caminaba silbando entre dientes Kentucky Babe. Cuando llegó a la punta del muelle, se agachó justo en el borde, haciendo sonar sus rodillas, y contempló a Lionel. Se hallaba a menos de un largo remo. Lionel no la miró.
-¡Eh! -dijo Boo Boo-. Amigo. Pirata. Estoy de vuelta. Sin dirigirle la mirada, Lionel pareció sentir bruscamente la necesidad de exhibir su maestría como navegante." (fragment 99-100 del conte En el bote)