dilluns, 26 de març de 2012


"Aunque los reformistas de Wittenberg no respondieron a todas sus preguntas, al menos le permitieron plantearlas. A partir de ese momento, Bernd llevó dos vidas: una oficial, estudiando teología en Colonia, y otra clandestina, frecuentando en secreto las aulas de los luteranos. Fue en Wittenberg donde nació su afición al nuevo invento de la imprenta. Lo primero que descubrió fue el olor. Le encantaba entrar en los talleres y notar el profundo aroma a tinta y papel. Luego empezó a hablar con los operarios. Aprendió la técnica y los entresijos de cada tarea. Se interesó en especial por el diseño y grabado de las letras. En algo tenía que notarse que era hijo de un orfebre. Mientras estudiaba consiguió trabajo como corrector en un taller de Colonia. Su cometido no consistía solo en descubrir erratas, sino también en corregir imprecisiones de contenido y en proponer enfoques distintos a los del manuscrito que se iba a imprimir. Y aprovechaba los ratos muertos para dibujar con un lápiz de punta de plomo letras fantásticas [...] Mantuvo con habilidad su doble vida, y al final de sus estudios regresó a Münster convertido en sacerdote, pero con el propósito de combatir las mentiras católicas." (fragment pàg. 26-28)