"Lo llamé un día el Bolívar de la novela latinoamericana. Nos liberó liberándose, con un lenguaje nuevo, airoso, capaz de todas las aventuras: Rayuela es uno de los grandes manifiestos de la modernidad latinoamericana [...] Porque la obra de Julio Cortázar es una vibrante pregunta sobre el papel posible de la novela por venir: diálogo pródigo, no sólo de los personajes, sino de lenguas, de fuerzas sociales, de géneros, de tiempos históricos que de otra manera jamás se darían la mano, más que en una novela.Diálogo de humores, añadiría yo, pues sin el sentido del humor no es posible entender a Julio Cortázar. Con él soportamos al mundo hasta que lo veamos mejor, pero el mundo también debe soportarnos hasta que nosotros nos hagamos mejores. En medio de estas dos esperanzas, que no son resignaciones, se instala el humor de la obra de Cortázar. En su muy personal elogio de la locura, Julio también fue ciudadano del mundo, como Erasmo en otro Renacimiento. Compatriota de todos, pero también, misteriosamente, extranjero para todos [...] Cortázar nos habló de algo más: del carácter indiscutible del momento vivido, del goce pleno del cuerpo unido a otro cuerpo, de la memoria indispensable para tener futuro y de la imaginación necesaria para tener pasado. Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba. Ahora, queremos que el Gran Cronopio compruebe, como lo dijo entonces Gabo, que su muerte era una invención increíble de los periódicos y que el escritor que nos enseñó a ver nuestra civilización, a decirla y a vivirla, está aquí hoy, invisible sólo para los que no tienen fe en los Cronopios."(fragment pàg.157-158)
y nos hemos purificado con el agua sagrada. Hemos bailado alrededor de la hoguera para poder preguntar y nos hemos deslizado por el río en busca de respuestas. Entre río y hoguera ha transcurrido nuestra historia de miedo y esperanza. En esta frágil tierra incierta hemos cavado tumbas y concebido dioses, hemos construido y destruido ciudades con furia redoblada, siempre con esperanza y miedo, la fórmula de nuestra alma. Pero a veces huímos del país encarcelado por fronteras dejando atrás el fuego del sacrificio y el agua conjuradora. En esa travesía nos despojamos del miedo y también de la esperanza que el propio miedo engendra. Entonces dejamos de sentirnos la miserable media palabra que desesperadamente busca la otra mitad a través de tumbas, guerras y dioses, de grandes ideas y brutales realizaciones. Entonces se nos hace palpable lo que buscamos en secreto: la caricia amiga, la sonrisa amante, la voz que envuelve el mundo, la música del cuerpo, el infinito descansando dócilmente en la morada de un día feliz. Ahí están todas las preguntas y todas las respuestas.
Es la lectura, la más humana de las actividades creativas. Considero que somos, en esencia, animales lectores y que el arte de la lectura, en su sentido más amplio, nos define como especie
"Más tarde me dediqué a coleccionar palabras y a iniciarme en los mundos cristalinos de la poesía hermética. Detrás de toda colección se esconde la misma irreprimible codicia de los melodiosos mundos mágicos ocultos entre objetos aparentemente dormidos. De niña tenía un cuaderno de vocabulario donde anotaba palabras especiales, igual que antes había recogido conchas y piedras especiales. Las palabras estaban clasificadas por categorías. Había "palabras bonitas", "palabras feas", "palabras engañosas", "palabras invertidas" y "palabras secretas". Entre las palabras bonitas" había incluido: cardamina, violeta, alegoría, guinda, libélula, susurro, dingolondango y jitanjáfora. Entre las "palabras feas" se encontraban escorzo, zuzón, muñón y jején. Las "palabras engañosas" me indignaban porque se hacían pasar por anodinas para luego revelarse infames o peligrosas, como "efectos secundarios" o "picante". También sugerían un significado mágico, camo "catavientos" o "cigüeñal", pero en realidad eran de una frustrante normalidad. Por no mencionar aquellas que designaban algo que no estaba claro para nadie: ¡no existían dos personas en el mundo que se imaginaran el mismo color al oír la palabra "índigo"! Las palabras "invertidas" eran una especie de afición. ¿O tal vez una enfermedad? Quizá fueran lo mismo. El "homatopipo" era uno de mis animales favoritos, igual que el "carungo" o el "alefente". Mer parecía la mar de divertido soñar con dar la vuelta al día en ochenta mundos y adoraba aquel poema que decía aquello de "Con diez coñanes por venda, ciento en pipa a toda bala". Las "palabras secretas" eran, por su naturaleza, las más difíciles de encontrar. Se comportaban como si fueran absolutamente normales pero acababan revelando un contenido totalmente distinto y excepcional. En suma, lo contrario de las "palabras engañosas". Me reconfortaba el hecho de que en el aula de la escuela pudiera encontrarse una de las islas encantadas del Sur. La isla se llamaba Ala-ula y escondía un tesoro enterrado [...] La evocación del pasado me había hecho sentir apetito, de modo que volvía a casa. Por desgracia, en la cocina apenas quedaban provisiones. Comí pan negro y chocolate con nueces y decidí que más tarde iría a comprar." (fragment pàg. 150-152)
"Así pues, merodeo por los parajes donde viví de joven y de niña (leí no hace muchono sé dónde una declaración: "Siempre sentimos nostalgia de los lugares donde fuimos jóvenes" y no "donde fuimos felices"). Y ésta es la razón básica por la que no podría residir en otra ciudad que la mía, la ciudad donde me han acontecido más cosas, ésta es la razón por la que cualquier otra ciudad equivaldría a un destierro. Y busco el reencuentro con los viejos amigos que siguen vivos -todavía muchos, todavía, ¿por cuánto tiempo?, mayoría-, y me hablan de las enfermedades y éxitos escolares de sus nietos, me hablan de las ventajas de su póxima jubilación, y no me atrevo a protestar que las enfermedades y los éxitos de unos nietos que apenas conozco me traen sin cuidado, que me parecen un disparate los planes de jubilación (¿no estábamos ayer mismo intentado abrirnos camino en nuestra vida profesional?), que lo que de verdad pretendo, lo que espero de ellos, es resucitar jirones de un pasado compartido, a veces más real, a menudo más multicolor, que cuanto nos está acaeciendo ahora, la recuperación de un tiempo perdido que temo no poder llevar a buen puerto sin su ayuda.
Hasta que al llegar al final -un final que en la juventud me parecía aterrador, en la madurez me sublevaba, pero que estoy ahora muy cerca de aceptar-, al caer definitivamente para mí el telón y desaparecer yo definitivamente de escena, confluyan en un mismo punto el pasado, el presente y el futuro y mis historias desgarradas, deshilachadas, pasen a engrosar el amplio torrente que desemboca en el mar común de todas las historias."
Las dulces nubes me dan sueño, El cielo azul me hace dormirme, Floto, en mi íntimo abandono, A flor de no poder sentirme. Y es suave, como un correr de agua, Sentirme nadie en la corriente, No soy capaz de pena o peso. Mi alma es aquello que no tiene. Qué bien, a orillas del arroyo, Saber que es él quien se va yendo... Y sólo en sueños voy delante, Y sólo en sueños voy siguiendo.
"El vaixell va fer sonar la sirena i Maó, Calasfonts des Castell, cala Llonga, La Mola, l'illa del Rei i el Llatzeret van anar quedant lluny fins a pesaparèixer. El mar era una bassa d'oli i molta gent havia pujat a la coberta més elevada del vaixell per prendre el sol i banyar-se a la minúscula piscina [...] La brisa marina i la salabror a la cara els farien tornar ben aviat a la realitat. De primer anirien veient com desapareixia el perfil de l'illa, unes hores després començarien a albirar la de Barcelona, la torre de Collserola, Monjuïc..., i en un instant haurien fet el salt. El seu cap retindria les imatges d'aquells dies passats a l'illa, però tots plegat tindrien molt clar que tornaven a ser a casa i que les misèries i les grandeses quotidianes que havien deixat aparcadas uns dies abans estarien allà esperant-los. Per això volin continuar badant des de la coberta fins que no es veiés res de res. Llavors, però, encara conservarien el regust salat a la pell i els cabells embullats per la brisa marina. No estava malament per sobreviure fins a veure Barcelona [...] Hi havia una calitja espessa com l'escudella barejada, hi havia contaminació a dojo, hi havia cansament entre el passatge; però quan algú va anunciar que ja veia el perfil de la ciutat, va fer l'efecte que el vaixell anava més ràpid, mogut, sens dubte, per l'entusiasme del personal que ja es moria de ganes d'arribar a casa. Ara era el moment més contradictori del trajecte, l'instant en què la il·lusió per recuperar el paisatge propi, íntim gairabé, es batia en duel amb el record intens i agredolç de tot el que s'ha deixat enrere [...] Queia la nit damunt el port vell. El Maremàgnum era ple de gent que passejava i badava amb les maniebres d'atracament del vaixell [...] El viatger és una persona que deixa que tot el seu cos s'amari del que veu i del que viu allà on va. És com la sal del mar, que et deixa la pell blanca i et fa sentir picor quan t'eixugues. Els cinc amics sentien encara el regust salat del mar menorquí a la pell. Tenien moltes coses per fer i per dir, per conèixer i aprendre. Van baixar a terra."(fragment pàg.130-136)
"Corria el mes de juny de l'any 1558 la poderosa flota posà rumb a Menorca, i el dia 29 a la nit es trobaren davant el port de Maó, llavors ja defensat pel castell de Sant Felip, fortalesa gairebé inexpugnable que havia costat molt penoses contribucions a tots els habitants d'aquella terra miserable. Els canons començaren a disparar, i les murades a fer-se estelles amb els impactes [...] El governador de Menorca que era en aquell moment a la fortalesa, per distribuir la paga dels soldats, manà que les dones i infants de la vila de Maó es refugiassin a Ciutadella, i cap a mitjanit, quan arribaren a la capital, hagué de tornar a sortir, per cercar reforços, perquè l'esquadra otomana havia vorejat l'illa pel nord i es desplegava ara davant les cales properes. La lluna de juliol projectava una estela de plata damunt el mar enfosquit, i Llunanegra, recolzat a la barana, vora Jasmina, endivinava el perfil de la terra que l'havia vist néixer. Allà, terra endins, hi havia la cavalleria d'en Silas Mamert, on havia esta un infant remot, feliç en braços de la mare [...] La lluna brillava, immaculada, corba i subtil com una fulla de simitarra, damunt el cel negre. Hi havia quelcom molt familiar en aquell aire salobre, en l'olor de la marina llunyana, mullada pel rellent, les roques rosegades pels cops de mar, la terra erma, cremada, la remor monòtona de les ones i l'udol del vent. Quelcom conegut, com una veu que li recordàs tot el passat i que li fes veure clar el futur." (fragment pàg. 224-225)
Si hay dolor, que sea sólo lluvia, y ésta sólo dolor de plata por el dolor en sí, si estos verdes bosques sueñan aquí para despertar en mi corazón, si yo amaneciera otra vez.
Pero dormiré, pues ¿dónde hay muerte mientras en estas azules y soñolientas colinas de lo alto tenga yo como el árbol mi raíz? Aunque esté muerto, esta tierra que se agarra a mí me encontrará el aliento.
"El poble l'havien bastit en un gran pla a dalt d'una muntanya solitària que s'alçava al mig d'una estesa de camps de blat. Era petit: dotze cases i un hostal. La muntanya no era gaire alta. A la banda de ponent no hi plovia mai. A la banda de llevant la pluja no parava. I a la banda de la pluja hi havia dotze fonts: la de l'espígol, la del romaní, la dels créixents, la de la camamilla, la de la sargantana, la del grèvol, la de l'escurçó, la de la formiga, la de l'oronell, la de l'esparver, la de la rosella, la del rossinyol, la de la llerenga... no dotze, tretze. Les cases eren totes masies, amb teulat, amb palle, amb pou, amb era, amb celler. En el pla de la muntanya hi creixia, verdejava i rossejava el blat; el millor i més famós de la contrada. Cada espiga un llonguet. Els seus habitants no tenien cap interès a conèixer el futur. No havien consultat mai els morts, ni s'havien fet llegir mai les ratlles de la mà, ni s'havien fet tirar les cartes. No els calia. Perquè en una paret de la casa, la del menjador davant la llar, quan a la familia se li preparava una bona notícia, sortia, amb una certa anticipació, una rosa blava grossa com el palmell de la mà, amb els pètals blaus degradats en degradacions d'una gran saviesa. Sortia com surt el sol, vull dir que es formava a la part baixa de la paret i s'enlairava a poc a poc fins que, dos pams abans d'arribar al sostre, es quedava quieta com sis'hagués adormit. Mig esborrada, mig somniosa, es quedava a la casa un dia sencer amb la seva nit per assegurar-se que la veien. Després es fonia sense deixar rastre. I quan la família havia de tenir una mala notícia com és ara la mort d'un fill, o d'un parent, o la proximitat d'una mala collita, o la malatia d'un be o d'una cabra o d'una vaca o d'un cavall o d'una gallina o d'un colom o d'un garrí, sortia a la paret del mejador, sempre a la paret del davant la llar com el lector ja fa estona que imagina, una rosa negra, d'un negra envernissat i lluent: de porcellana. Amb una eina especial per no trencar-la ni malmetre-la l'arrencaven amb molta cura de la paret i la guardaven a la calaixera, al calaix de dalt de tot com a record d'una gran pena." (pàg.474-475)
"Cun i Hèctor remaren amb els palmells i, quan veieren la claror exterior travessar l'aigua com una gota de llum, feren al mateix temps una forta tracció amb les mans i els maluc i aconseguiren redreçar-la. La claror del cel els obligà a tancar els ulls. La piragua basculà durant uns segons i, tot seguit, recuperà la seva estabilitat habitual. Cun i Hèctor es miraren bocabadats. Es giraren per mirar l'entrada de la covactor se sentia bé, prò fins arribar a Cap de Bajolí, la mar no es calmà. Quan tombaren el cap, ls aigüs es transformaren en una bassa d'oli i pogueren descansar una mica i donar-se un regal passant per sota el Pont de'n Gil. Deixaren enrera la boca del port de Ciutadella i, mentre vorejaven la costa oest de l'illa, s'entretingueren observant els ocells. Una àguila pescadora caigué a pocs metres de la piragua com una àncora. S'enlairà amb un gran peix entre les urpes espolsant-se l'aigua que caigué sobre els seus caps com un polsim. Observaren el seu vol fins que l'àguila es posà sobre una roca blanca on descansà amb el peix entre les urpes abans de portar-lo cap al niu. Deixaren l'àguila pescadora dalt els penyals i els falciots els acompanyarn fins al Cap d'Artrutx. Quan divisaren el far, el sol donava de ple a les penyes i els encenia com si fossin de foc." (fragment pàg. 129-130)