dissabte, 12 d’abril de 2014

CIELO





























He aquí por donde se debió empezar: el cielo.
Ventana sin alféizar, sin marco, sin cristales.
Un hueco, sin más, pero abierto de par en par. 

No necesito esperar una noche serena,
ni alzar la cabeza
para contemplar el cielo.
Lo tengo a mi espalda, a mano y en los párpados.
El cielo me arrebuja toda
y, desde abajo, me hace flotar.

Las más altas montañas
no están más cerca del cielo
que los valles más profundos.
No existe un lugar donde abunde más
que en otro.Sobre un nubarrón pesa tanto
como sobre una tumba.
El topo asciende a los cielos
como el búho que agita sus alas.
Lo que cae en el abismo
cae del cielo en el cielo.

 Friables, líquidos, rocosos,
volátiles y llameantes,
los espacios del cielo, las migas del cielo,
las brisas del cielo y los montones de cielo.
El cielo está en todas partes,
incluso en la oscuridad bajo la piel.
Me alimento de cielo, evacuo cielo.
Soy una trampa en la trampa,
un habitante habitado,
un brazo abrazado,
una pregunta en respuesta a una pregunta.
 
La división entre Cielo y Tierra
no es el método adecuado
para concebir esta totalidad.
Sólo permite sobrevivir
en un domicilio más concreto,
más fácil de encontrar, por si alguien me buscara.
Mis rasgos personales son
admiración y desespero.

Wislawa Szymborska