dimecres, 26 de novembre de 2014

LA DETECTIU...


http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-v-de-venganza"Hay mucho que decir a favor de dormir a rachas. El cerebro, cuando no está arropado por un reconfortante manto de sueños, opta por otras formas de distracción. El mío revisa toda la información que ha ido acumulando durante el día y me envía telegramas que no me molestaría en abrir si estuviera despierta. El cerebro funciona como una cámara que no deja de captar imágenes. Los datos entrantes se clasifican automáticamente de modo que lo relevante pueda guardarse para futuras consultas y lo irrelevante pueda eliminarse. Lo malo es que no sabemos hasta mucho después qué imágenes cuentan y cuáles no. Mi subconsciente me daba algunos toques para advertirme que había visto algo que podría ser más importante de lo que pensaba. En ese momento la idea suscitaba mi interés y la anotaba mentalmente, pero luego me quedaba dormida y al despertar ya no recordaba de qué se trataba.
El domingo por la mañana madrugué y salí a correr cinco kilómetros. No es algo que suela hacer los fines de semana, que reservo para descansar y relajarme. Sin embargo, aquella semana me había saltado el ejercicio porque el deber reclamaba mi presencia en otra parte, y ahora tocaba ponerse firme. Cumplí con los treinta minutos de jogging por la playa que me había impuesto, confiando en alcanzar en algún momento el llamado júbilo del corredor. En general, me dolía todo el cuerpo. Se me resistieron músculos que nunca antes me habían dado problemas. Entre las ventajas estaban la disminución del estrés y la agudeza mental que experimenté a continuación. Al acabar de correr, cuando aflojé el paso para refrescarme, recordé lo que mi subconsciente había estado intentando decirme durante la noche: "Echa otro vistazo a la pila de cajas de cartón desmontadas que hay detrás de la tienda de segunda mano".
En cuanto me hube duchado, vestido y zampado un bol de cereales, registré los cajones del escritorio en busca de mi navaja suiza, que arrojé al interior del bolso. Luego localicé la plancha de vapor y la dejé a un lado para llevármela. Finalmente, cogí el maletín y la pistola y fui a por el Mustang, en cuyo maletero guardé ambas cosas bajo llave. Me paré a observar con detenimiento la calle por si estaba el sedán azul, pero no lo vi por ninguna parte. No es que me consolara demasiado. Si aquellos tipos me habían seguido desde la casa de Vivian el día anterior, segur que serían lo bastante listos para utilizar más de un vehículo.
Tomé la 101 hasta Missile y giré a la derecha por Dave Levine. Pasé lentamente por delante del pequeño centro comercial donde se hallaba la tienda de segunda mano. El aparcamiento estaba vacío y los cubos de basura seguían a rebosar. Dejé el Mustang con el motor a ralentí, me fui directa a las cajas de cartón y corté el cordel con la navaja suiza..." (fragment pàg. 322-323)

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