divendres, 5 de febrer de 2010

VINT-I-CINC CONTES "CAÇATS" AL VOL...




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La mirada

"El día era sábado, la mañana templada. Y, por fortuna, él podía hacer que fuese lenta. Aquella aún no era su ciudad. El tiempo se le regalaba. Pero, quién se lo iba a decir, también para mí era mañana de sábado y la mañana templada y también el tiempo se me regalaba.
Él sólo esperaba en el semáforo para cruzar la calzada. Ella estaba allí, en la acera enfrentada. Cada uno a un lado del ruidoso río multicolor. Sus ojeadas, sin querer, se cruzaron. Posiblemente a la par que el cambio del verde al ámbar avisaba a la corriente de su pronta contención, aproveché para convertir aquel tropiezo en mí, en mirada. Y fue entonces cuando sus ojeadas se convirtieron en mirada. Él ignora el porqué, pero yo lo sé porque ni la inercia unánime del grupo le hizo avanzar hacia aquella luz de alba a deshora duplicada. Porque ella se acercaba. Él como helado, si acaso alguna calidez, en mí, en su mirada, como al sol de mediodía la esperaba. Y entre ambos, ya sólo yo, la mirada. Poco les duró a cada uno el saber quién era, dónde y cómo estaba. Ya todo eran, del otro, sólo yo, la mirada.
Nadie se percató de ello. Si acaso, la acera que les dejó de ser necesaria. O quizás, las translúcidas fachadas que abandonaron solideces y colores al ser por ellos ignoradas. ¿O fueron los ruidos todos los que enmudecieron? No lo sé. Sé que todo fue nada en torno suyo. Todo, menos yo, su mirada.No, no era yo una mirada de seducción, ni de ruego, ni de radiografía hecha en pub, en tasca o en cafetería. No era de matador, ni matahari, ni de cordero u oveja degollada. Tenía una mañana ni angelical, ni perversa. Estaba yo sobrecogedoramente tran-quila, clara, perfectamente humana. Tenía una sensación no buscada y, sin embargo, durante años, quizá toda una vida, esperada. Inconfesadamente soñada. Inconfesablemente deseada.

No se dijeron nada. Y fue su inverso paralelismo el que mudó su mirada. Y fue en la nuca de ella donde él me buscó sus ojos por recuperarla. Y fue su nuca la que, sintiendo la de él, le devolvió, de ella, desde ella, la mirada...
" 

( fragment p. 83-84)



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Juan García Campal

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