dijous, 2 d’abril de 2015

CHARLOTTE...


http://www.alfaguara.com/es/noticia/david-foenkinos-gana-el-premio-goncourt-des-lyceens-2014-por-su-novela-charlotte-que-alfaguara-publicara-en-marzo/Le cubren las sienes gotitas de sudor.
Insiste: señorita, tenga la bondad de seguirme.
Y añade: se lo ruego.
Charlotte no sabe qué pensar.
El hecho de que sea tan joven y tan amable la tranquiliza un poco.
Pero ya no puede creer en nadie.

Decide levantarse y acompañarlo.
Cuando están los dos abajo, le ordena que eche a andar.
Al cabo de unos metros, están aparte.
Váyase, le dice.
Váyase deprisa y no se vuelva.
Como Charlotte no se mueve, insiste: ¡vamos, deprisa, váyase!
Ella entiende lo que está pasando.Está salvándola, ni más ni menos.
No sabe qué decir para darle las gracias.
De todas formas, no tiene tiempo para pensarlo.
Debe darse prisa.
Echa a andar.
Despacio y luego cada vez más rápido.
En una callejuela de Niza, al fin se vuelve.
Detrás de ella ya no hay nadie.

Cuando rregresa a La Belle Aurore, todo cambia.
A Charlotte, más que nunca, la invade la urgencia.
Tiene que actuar sin perder tiempo.
Su trazo es aún más vivo.
Hay muchas páginas que sólo incluyen texto.
Tiene que contar la historia de su familia.
Antes de que sea demasiado tarde.
Algunos dibujos son más bien apuntes.
No pinta, corre.
Ese frenesí de la segunda mitad de la obra resulta abrumador.
Una creación al borde del precipicio.
Recluida, más flaca y muerta de miedo, Charlotte se olvida de sí y se extravía.
Hasta el final.

En una carta, escribió estas palabras de conclusión:

En mi obra de tratro, yo era todos los personajes.
He aprendido a tirar por todos los caminos.
Y así me convertí en mí misma.

La fuerza de la última pintura sobrecoge.
Charlotte se dibuja a sí misma frente al mar.
La vemos de espaldas.
En el cuerpo, escribe el título: Leben? oder Theater?
Precisamente con ella se cierra esta obra que trata de su propia vida.

Esa imagen guarda un curioso parecido con una foto de Charlotte.
En ella aparece pintando en un sitio elevado.
Con el Mediterráneo a sus pies.
Mira el objetivo con indiferencia.
Diríase que el fotógrafo le está robando un momento de contemplación.
De esa vida que lleva, fusionada con la naturaleza.
Charlotte parece confundirse con las hierbas.
Maravillada ante el color del cielo.
Ese resplandor nos trae a la mente las últimas palabras de Goethe.
A orillas de la muerte, se puso a gritar: ¡más luz!

Haca falta una luz resplandeciente para morir.

(fragment pàg. 171-172)

:http://www.babelio.com/auteur/David-Foenkinos/8100