divendres, 20 d’agost de 2010


(més si clikeu damunt es llibre aquí i aquí)

"Han cambiado tantas cosas (hasta resultar casi irreconocibles) en los casi sesenta años que estoy recordando..., pero el Long Mynd se ha librado. Ese tipo de sitios son importantes para mí (para todos, en realidad) porque existen al margen de la esfera temporal habitual. Te puedes plantar en la cresta del Long Mynd y no saber si estás en los años cuarenta, en el dos mil, o en el siglo diez u once... Es algo inmaterial, totalmente irrelevante. El tojo y el brezo morado no cambian, y lo mismo les pasa a los senderos de las ovejas que los atraviesan y los entrelazan, las retorcidas floraciones rocosas que te sorprenden en cada curva, los cálidos marrones de los helechos, los grises distantes de las plantaciones de coníferas, escondidas allá lejos en valles secretos. No tiene precio la sensación de libertad y de atemporalidad que te proporciona ese sitio, mientras estás en lo alto de la cresta bajo un cielo impecablemente azul de abril, y te quedas mirando la mansa belleza del paisaje inglés al este, y al oeste un apunte de algo más raro: el arranque de las montañas galesas, que ya se insinúan en uno de los rasgos más salvajes y fantasmagóricos del propio Long Mynd." (pág. 90-91)