dilluns, 9 de maig de 2011

BREUS PINZELLADES...


"Pronto una secreta urgencia unió a estos dos seres tan lejanos entre sí y, sin embargo, tan similares en su modestia y en el candor de sus sentimientos. El uno, un hombre al que la vida había enseñado que en el estrato de lo más profundo no hay más que transparencia y tranquilidad, un hombre con experiencia, al que los muchos días y años habían vuelto sencillo. La otra, alguien que aún no había sentido la vida, porque, como enredada en la oscuridad, se había pasado el tiempo absorta en meditaciones, alguien a quien el primer rayo que le llegó del mundo de la luz le alcanzó en los más hondo, reflejándose en un sosegado brillo de un único color. Los dos estaban solos entre los hombres. Así, se sintieron muy próximos. La diferencia de sexo no jugaba ningún papel entre ellos. En el uno, la mera idea se había apagado y tan sólo arrojaba la luz crepuscular de un recuerrdo clarificador sobre su vida. La muchacha aún no era consciente del oscuro sentimiento de su feminidad, que tan sólo se manifestaba en un dulce anhelo, muy inestable e inquieto y que aún no conocía su objetivo. Aún se alzaba entre ellos un leve y tembloroso muro: el de la extrañeza de los pueblos y las religiones, la orden que les dictaba la sangre de tener que verse siempre como extraños, una orden que, hostil, alimenta la desconfianza y que tan sólo se supera en un instante de gran amor". (fragment pàg. 48-49)