divendres, 17 de juny de 2011

COM EN UN SOMNI...


"Las librerías son como gusaneras de ideas. Los libros son bichos que vibran y murmuran, solía decir uno de mis socios, que también era poeta, un tipo inteligente (aunque no tanto como él creía) y bastante simpático [...] Mi vida había vuelto a reducirse a los libros, me había convertido en un ejemplar más de esa melancólica especie: el librero aspirante a escritor. Toda clase de gente iba a visitarnos todos los días. A comprar libros iban poetas, estudiantes, abogados, señoras con guardaespaldas, o sin, gente de éxito (económico) y fracasados (en el sentido más amplio). Nosotros los atendíamos cordial y ecuánimemente. A veces, compraban un libro o dos. La verdad es que la gente que se dedica a robar libros es muy poca, gracias a las innovaciones en los sistemas de seguridad. En mi experiencia más de la mitad son mujeres, o literatos con mochila o morral. Yo trabajo en la librería sólo los lunes, miércoles y jueves; los otros días escribía (o fantaseaba con la idea de escribir) y me consagraba a la lectura." (fragment pàg. 19-20)