diumenge, 12 de juny de 2011

RECULLS...


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Mujercitas. A
fuerza de traducciones deficientes e ilustraciones acarameladas esta historia de cuatro hermanas nos llegaba con una pátina de cursilería que la novela no tenía; aún así, no habrá habido otra lectura que haya empujado a tantas niñas fantasiosas a la escritura. El personaje de Jo March fue un modelo para las criaturas que no nos adecuábamos a la idea convencional de lo femenino. A nuestra Jo le gustaba usar una jerga no propia de chicas, subirse a los árboles, saltar vallas, correr, montar teatrillos y escribir cuentos. Jo, valiente e impetuosa, despreciadora de lo ñoño [...] La pequeña casa de la escritora crujía bajo nuestros pasos, mi altura era la adecuada para techos tan bajo [...] Con la voz de la infatigable guía de fondo, me acerqué al tablerillo semicircular de madera en el que nuestra novelista había inventado en 1868 el mundo de sus mujercitas inspirándose en sus propias hermanas. La réplica de un manuscrito reposaba sobre la humilde mesa y yo me concentraba en imaginar a esa mujer, una primavera de hace ciento cuarenta y dos años, levantando la vista de la página para que la mirada le descansara en esa naturaleza a punto de estallar. Al mismo tiempo, siguiendo con ese viaje de ida y vuelta que provocan las emociones, me veía a mí misma refugiada en un cuarto de atrás del piso donde vivimos en Palma de Mallorca. Me veía con mi libro de Bruguera, uno de aquellos que se podían leer siguiendo las ilustraciones o el texto, tratando de convertirme en materia literaria. De pronto fui consciente de todo el trasiego vital que siguió al descubrimiento de aquel libro, de todo lo bueno y lo malo de esos cuarenta años. Entonces pensé, 'esto no me lo merezco'. Y sentí la felicidad, tan sólida como la presencia de esa mujer del XIX, que estaba ahí, en su mesa, escribiendo ese libro para mí. Os juro que la vi."
(fragment pàg. 105-106)