dilluns, 4 de febrer de 2013

EN GROC I NEGRE...





Habitar una isla te obliga a cumplir simetría de coincidir exactamente con la isla. Puedes buscarte la vida entre la ingenuidad de los turistas, puedes matar las tardes lanzándote botellas con mensajes, puedes emborracharte sin pasar inadvertido y usarlo en tu beneficio, puedes cubrir la fachada de tu casa con conchas en un ataque de mal gusto [está permitido], puedes quedarte quieto junto al faro y guiar a los barcos imperdibles [ser por fin un faro sin misión], puedes, incluso, llegar a grabar un disco si el folklore local entra en decadencia, o puedes, como yo, llegar a descubrir la única certeza a la que puede acceder un humano: la luz se opone al laberinto. Esto sí que es definitivo. Una vez descubierto cumples otra simetría: eres una isla dentro de otra isla. Y esto, a mi pesar, también es definitivo. (pàg. 40)