divendres, 2 de juliol de 2010

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ZUMBIDO DE PALABRAS
Nunca son nombrados los mosquitos en Mosquitos, pero están omnipresentes. Revolotean, pican, fastidian conversaciones y fugas amorosas. Aparecen en los gestos humanos, espantados con pañuelos y manotazos, aplastados, liquidados, siempre vivos, "una plaga bíbilica vista a través del extremo equivocado de los prismáticos" Marca las horas su zumbido, "ubicuidad y pura repetición", mientras el agua golpea el casco del yate [...] Es lo que cuenta la novela, una excursión de cuatro días en barco, en Nueva Orléans, en agosto [...] El Faulkner de Mosquitos está fascinado por la realidad y por las palabras con que intentamos nombrarla, y por los experimentos que en aquellos años hacían con las palabras Joyce, Eliot o Aldous Huxley. Y confía en la fascinación y el fervor del lector. Justo Navarro (fragment pàg. 9-17)

"Al otro lado de la ventana, Nueva Orléans, el Vieux Carré, cubierto de una languidez levemente empañada como una cortesana madura pero todavía hermosa en una habitación llena de humo, ávida pero también fatigada de hábitos ardientes. Sobre la ciudad el verano se había callado tibiamente en la pasión cóncava y fatigada del cielo. La primavera y los meses más crueles habían pasado [...] Agosto ya había empezado..." (pàg. 27)

"Charla, charla, charla: la estupidez completa y desgarradora de las palabras. Parecía infinita, como si pudiera continuar siempre. Ideas, pensamientos se convertían en meros sonidos que había que propagar hasta que estuvieran muertos".