dissabte, 5 de març de 2011

DOTZE MÉS UN...


(més si clikeu damunt es llibre i aquí)

La mujer miró las nubes, algodonosas e inmóviles bajo la ventanilla del avión, y luego se recostó de nuevo en su asiento y cerró los ojos. Vestía completamente de azul [...] Hacía ya varios días que vivía con la mente en otra parte, como si aquella llamada al cabo de tantos años la hubiese despojado de repente de todo anclaje a la realidad. Ni siquiera pensaba en aquellas nubes que parecían haberse quedado presas bajo sus párpados...

El escritor se frotó los suyos y encendió otro cigarrillo. ¿Adónde le llevaba aquella historia? Y, sobre todo, ¿quién era aquella mujer? Eran las dos de la madrugada. Llevaba más de una hora sentado al ordenador y lo único que se le había ocurrido en todo ese tiempo era media página que no sabía por qué había escrito ni adónde podía llevarlo [...] Aquella imagen de la mujer que había visto hacía poco volviendo de Hungría quizá pudiera servirle como punto de partida. Al fin y al cabo, pensó, detrás de cada rostro hay una historia y el de aquella hermosa mujer se le quedó grabado por algo [...] El escritor, de momento, se atrevió a poner un título: La mujer de azul [...] Todo había comenzado el día anterior, cuando el escritor recibió una llamada del redactor jefe de Cultura del periódico con el que colaboraba frecuentemente: -¿Quieres escribir un cuento?
-¿Un cuento?... ¿Sobre qué?
-Tema libre
-¿Largo o corto?

-Treinta páginas
-¡¿Treinta páginas?! -exclamó el escritor calculando el tiempo que le llevaría escribir un relato así-. ¿Para cuándo?

-Para agosto... Pero tengo que tenerlo aquí el 20 de julio -oyó que le explicaba el redactor jefe al otro lado del auricular [...] Cuenta conmigo -le respondió el escritor sin atreverse a decir que no, que es lo que le gustaría. El encargo, la verdad, le cogía a contrapié. Llevaba meses inmerso en la escritura de una novela que quería terminar aquel otoño y pensaba dedicar el verano exclusivamente a ella. Pero la oferta era interesante [...] Pero pasaron los días (pasó incluso una semana) y al escritor seguía sin ocurrírsele una buena historia. La de la mujer azul acabó en la papelera como era de esperar y muchas otras se quedaron también por el camino apenas esbozadas o empezadas a escribir [...] El problema era que seguía sin saber sobre que escribirlo. Daba vueltas y más vueltas a los temas, ensayaba con todos los es
tilo y los géneros, pero seguía sin encontrar esa historia que te seduce desde el primer momento y no te abandona hasta el final. Eso era lo importante: encontrar un argumento que no cayera de pronto, una historia que creciera en lugar de desinflarse poco a poco, como les sucedía a todas las que había empezado. Porque un cuento -ya se sabe- no es el tema, ni siquiera su argumento o estructura, sino la trama que va creciendo a medida que sus hilos se entrelazan entre ellos.
(fragment des conte Un cuento de encargo)