dissabte, 25 de maig de 2013

DE BONA PASTA...


"La luz del día era todavía débil, el tráfico tranquilo. Me gustan esas horas, las cinco y media, las seis de la mañana. Hacia las siete la cosa empieza ya a ponerse fea y lo mejor es dejar que el relevo diurno haga rodar el mundo mientras uno duerme. Caminé un rato fumando un cigarro antes de parar un taxi. El que me tocó en suerte olía a jabón de afeitar de La Toja. Primeras noticias en la radio. Viernes veinte de junio, partido del mundial de Francia, la selección española concentrada no sé dónde; bla, bla, bla, un sonsonete agradable, combinado con la brisa de la ventanilla bajada y el ruido del motor diésel. Me apeé ante la Boquería y atravesé el mercado para permitirme el pase entre las paradas y admirar a alguna pescadera bien pertrechada, expuesta en su trono de hielo como una reina de los mares, entre ofrendas de limón y clavo y fragancia de marisco semoviente. Recorrí después vericuetos y callejas [...] Lo que ví rondando no era muy estimulante y me metí en uno de los bares en espera de que se me ofreciera algo mejor. La cafetera estaba enchufada y parecía dispuesta a cumplir con sus deberes electrodomésticos. Pedí un cortado. Si alguien no conoce el puterío en esta zona, sepa que el asunto funciona justo al revés que en Ámsterdam; o sea: el cliente espera tras la cristalera de algún bar, dejándose ver, y las putas van haciendo un carrusel por la plaza; cuando una te gusta, le haces una señal y entra a detallar el negocio. A estas horas se retiran las del turno de noche y llegan las encargadas de atender al personal que ha terminado de abastecer de viandas al mercado. Siempre se encuentra algo mejor que en las saunas del Ensanche, territorio de carísimas filólogas que toman lecha descremada y dicen fellatio, pero el asunto aquella mañana estaba un poco mustio..." (fragment pàg. 77-78)