dilluns, 28 de novembre de 2011

AGNES


"Me marché cinco días a Nueva York para conseguir algunos libros que no había podido localizar en Chicago. Desde que conocía a Agnes trabajaba con renovada intensidad. El solo hecho de saber que estaba ahí, que me encontraba con ella, me impulsaba a avanzar. A pesar de escribir sobre vagones de lujo, había reservado un asiento de seguna clase para ahorrar. El tren nocturno iba casi lleno, por lo que me alegró que el puesto contiguo al mío hubiera quedado libre [...] El domingo por la mañana regresé de Nueva York. Había tomado nuevamente el tren de noche y telefoneé a Agnes desde la misma estación [...] Mientras ella trajinaba en la cocina eché un vistazo a la sala. Se apreciaba que Agnes había procurado crear un ambiente acogedor... En la repisa de una vieja chimenea tapiada había fotos de familia y un retrato de Agnes con toga, tomado sin duda durante la ceremonia de graduación en su universidad. Me acerqué a la ventana, entreabierta. Era mediodía. Fuera lloviznaba levemente. La calle estaba desierta. Me di la vuelta. Por todas partes había tiestos con plantas, no obstante la sala parecía deshabitada, como si hiciera años que nadie la pisaba. Sólo en ese momento noté que Agnes apenas tenía libros. Excepto una serie de obras de especialidad y manuales de ordenador, pulcramente alineados en un estante de poca altura, no vi más que la Norton Anthology of Poetry. En las paredes colgaban grabados..." (fragment pàg. 32-36)