dilluns, 7 de novembre de 2011

DESTÍ...


" Anduve dando tumbos una temporada, durmiendo en casas de amigos, ganando algo de dinero gracias a mis conocidas habilidades mecanográficas. Coloqué unos cuantos artículos en el periódico local. Me hicieron un contrato de seis meses como auxiliar administrativo en una compañía de seguros médicos. Era verdad lo que me había dicho mi padre: escribiendo a máquina uno siempre se abre paso en el mundo. Alquilé un apartamento. Por primera vez vivía completamente solo. Me hicieron fijo en la oficina. Me enamoré de manera rutinaria unas cuantas veces, más que nada por culpa de ese instinto que me empuja a estar enamorado desde que tenía siete u ocho años. Reescribí mi novela: inesperadamente gané con ella el premio de narrativa que convocaba un ayuntamiento de Castilla-La Mancha. No era un premio, la verdad, que tuviera mucha difusión, y es posible que los dos mil ejemplares impresos de mi novela aún sigan almacenados en los sótanos del mecenazgo manchego, pero a pesar de todo me entrevistaron en un periódico de Ciudad Real y en un programa de Radio Granada donde trabajaba un amigo mío, y recibí unos cuantos telegramas de felicitación [...] Yo era ya un escritor porque los demás habían decidido que lo era, y cuando digo los demás me refiero, por supuesto, a diez o doce personas: un editor, unos cuantos críticos, algún compañero de trabajo, algún lector angélico que me enviaba una carta [...] En los angostos límites, en el minifundismo literario de mi celebridad, yo me volvía secretamente vanidoso." (fragment pàg. 40-41)