dissabte, 6 d’octubre de 2012

PESSOA



173.

El sueño es la peor de las cocaínas, porque es la más natural de todas ellas. Así se introduce en los hábitos con la facilidad que ninguna de las otras tiene, se prueba sin querer, como un veneno inoculado. No duele, no empalidece, no deprime -pero el alma que lo usa queda ya incurable, porque no hay manera de librarse de su veneno, que es el alma misma.

Como un espectáculo en la bruma 

Aprendí en los sueños a coronar de imágenes las frentes de lo cotidiano, a deciir lo común con extrañeza, lo sencillo con derivaciones, a dorar, con un sol  de artificio, los rincones y los muebles y a poner música, como para arrullarme cuando las escribo, a las frases fluidas de mi fijación.

(pàg. 192 del Libro del desasosiego)