diumenge, 28 d’octubre de 2012

VIATGE INTERIOR...


"Se detuvo a dormir en Heathfield. Se cruzó con otros caminantes, con quienes comentó brevemente la belleza del paisaje o la inminente llegada del verano antes de desearse buen viaje y cada cual continuar su camino. Harold seguía las curvas y los contornos de las colinas sin apartarse jamás de la carretera que se extendía ante sí. Una bandada de cuervos alzó el vuelo desde los árboles con un sonoro aleteo. Un cervatillo salió corriendo de la maleza. Los coches aparecían como surgidos de la nada, pasaban con estruendo y desaparecían. Tras las rejas asomaban perros, y vio también varios tejones, como pesas peludas en la cuneta. Pasó por delante de un cerezo en flor, y cuando una ráfaga de viento agitó sus ramas, los pétalos volaron como confeti lanzado al aire. Estaba abierto a las sorpresas, tomaran la forma que tomasen. Semejante libertad no era habitual [...] Harold caminaba sin cesar. La carretera se estrechaba y luego volvía a ensancharse, subía y serpenteaba. A veces tení que avanzar casi pegado a la vegetación que crecía al borde del arcen; otras, en cambio, podía andar a sus anchas por la acera [...] Empezaron a formársele nuevas ampollas en los talones y en la yema de varios dedos. No tenía ni idea de que caminar pudiera ser tan doloroso[...] Mientras el sol se hundía tras las murallas de Exeter y la temperatura bajaba en picado, recordó de nuevo que había algo en su carta que no acababa de encajar y que seguía escapándosele." (fragment pàg. 87-89)