diumenge, 31 de juliol de 2011

REFLEXIONS...


"La seriedad moral de la vida pública es como la pornografía: aunque difícil de definir, sabes lo que es cuando la ves. Describe una coherencia entre intención y acción, una ética de responsabilidad política. Toda política es el arte de lo posible. Pero el arte también tiene su ética. Si los políticos fueran pintores, con Franklin D. Roosevelt como Tiziano y Churchill como Rubens, entonces Attlee sería como el Vermeer de la profesión: preciso, sobrio y durante mucho tiempo infravalorado. Bill Clinton podría aspirar a los niveles de Salvador Dalí (y sentirse halagado con la comparación). Tony Blair a la posición -y codicia- de Damien Hirst.
En las artes, la seriedad moral da testimonio de economía formal y de contención estética: el mundo de El ladrón de bicicletas. Recientemente hice ver a nuestro hijo de doce años el film clásico de François Truffaut Los cuatrocientos golpes, de 1959. Como perteneciente a una generación criada con la dieta del cine de "mensaje" contemporáneo, desde El día de mañana hasta Avatar, estaba asombrado: "Qué ahorro. hace tanto con tan poco". Así es. La abundancia de recursos que dedicamos al entretenimiento solo sirve para escudarnos frente a la pobreza del producto; lo mismo que en política, donde la cháchara incesante y la retórica grandilocuente enmascaran una profunda vacuidad.
Lo contrario de austeridad no es prosperidad sino luxe et volupté. Hemos sustituido utilidad pública por comercio sin límites, y no esperamos de nuestros líderes aspiraciones mayores [...] Si queremos mejores gobernantes tendremos que aprender a pedir más de ellos y menos para nosotros. Un poco de austeridad estaría bien." (fragment pàg. 43-44)