diumenge, 17 de juliol de 2011


Manuel se sentía de pronto solidario con don Quijote, que es el primero que entra en el laberinto de papel y hace de él su casa natural. Y del mismo modo que don Quijote aprende a actuar en los libros, Manuel aprendía también a enamorarse en los libros. Los libros lo habían enseñado a ritualizar el amor, y ciertos idilios de su adolescencia, o de su madurez, no hubieran sido posibles sin Bécquer o Neruda. En cuestiones sentimentales, ellos fueron para él lo que el Amadis fue para don Quijote o El capital para algunos marxistas. Y es que muchas de las experiencias fundamentales del hombre moderno proceden inevitablemente de los libros. Y esto ocurre aun entre gente que apenas ha tratado con ellos, porque los libros flotan en el aire y se incorporan al sentir general, y forman parte de nuestro carácter y saber más de lo que creemos. Como alguien dijo, no recuerdo quién, los libros son como el oxígeno. podremos ignorar lo que es, e incluso que existe, pero lo respiramos. Y lo mismo la filosofía: podremos no haber leído a Platón, a Kant o a Marx, pero sus ideas nos llegan del ambiente, están en el aire, en el propio lenguaje, habitan parasitariamente en la memoria colectiva, es un saber difuso, al que nadie escapa. Por eso a veces leemos un libro y descubrimos con placer y sorpresa que, confusamente, lo que allí se dice ya lo sabíamos nosotros, aunque desconocemos de dónde nos llegó [...] Y ahora Manuel recuerda que, cuando su abuela le contaba los cuentos, él la interrumpía a veces para preguntarle detalles no previstos en el relato. ¿Y Juan Soldado fue también a la escuela como yo? ¿Y qué hace ahora que es viejo? Y la obligaba a dar saltos en el tiempo y a contar como Faulkner. Y la obligaba a explorar las sensaciones más sutiles de la memoria y la conciencia, como si fuese Proust. A veces Manuel piensa que entre su abuela y él, años antes de Tiempo de silencio y de Benet y de Juan Goytisolo, renovaron a su modo la narrativa española.
Y es que los dos vivían ya entonces, sin saberlo, dentro del laberinto de papel."
(fragment pàg. 66-68)