
En las artes, la seriedad moral da testimonio de economía formal y de contención estética: el mundo de El ladrón de bicicletas. Recientemente hice ver a nuestro hijo de doce años el film clásico de François Truffaut Los cuatrocientos golpes, de 1959. Como perteneciente a una generación criada con la dieta del cine de "mensaje" contemporáneo, desde El día de mañana hasta Avatar, estaba asombrado: "Qué ahorro. hace tanto con tan poco". Así es. La abundancia de recursos que dedicamos al entretenimiento solo sirve para escudarnos frente a la pobreza del producto; lo mismo que en política, donde la cháchara incesante y la retórica grandilocuente enmascaran una profunda vacuidad.
Lo contrario de austeridad no es prosperidad sino luxe et volupté. Hemos sustituido utilidad pública por comercio sin límites, y no esperamos de nuestros líderes aspiraciones mayores [...] Si queremos mejores gobernantes tendremos que aprender a pedir más de ellos y menos para nosotros. Un poco de austeridad estaría bien." (fragment pàg. 43-44)