dimecres, 17 d’agost de 2011

SOSPITES...


"Como la carretera era excesivamente estrecha para detenerme en la curva fatídica sin riesgo a provocar un accidente o, cuando menos, un arañazo en la carrocería del Seat de alquiler, tuve que aparcar el coche unos centenares de metros más allá. Caminé hasta la curva y me detuve en ellugar donde me imaginé que Laura se había despeñado [...] Dos gaviotas que planeaban sobre una corriente de aire chillaron. Con los ojos cerrados, me representé aquel paisaje, bonito pero imponente, de noche. Lo recreé más tenebroso y muy oscuro, tanto que Laura no debía de haber visto nada al caer, sólo debía haber intuido lo que le esperaba unos metros más abajo. Tal vez había podido escuchar el ruido de las olas batiendo contra los arrecifes. O ni eso, porque tal vez se había roto el cuello justo en el inicio de su descenso. Me di cuenta de que, por la hora, había muerto justo cuando yo sobrevolaba el Atlántico en el interior de un Airbus de British Airways. Miré el mar y recordé a la Laura de nuestros trece, dieciséis, veinte, veinticuatro años... La Laura de ojos oscuros, cejas espesas y labios carnosos. La Laura amigable, habladora, enérgica. A pesar de la representación mental del accidente, todavía me costaba hacerme a la idea de que ya no estaba..." (fragment pàg. 33-34)